Lo que crees haber hecho, lo que querías y lo que opinan los demás

Leí en Confessions of a Public Speaker, de Scott Berkun, que en cualquier presentación pública siempre hay tres versiones para el orador:

  1. La presentación que crees que has dado
  2. La presentación que te gustaría haber dado
  3. La presentación que la gente cree que has dado

Pasa lo mismo con casi todas las cosas en la vida. En el deporte, por ejemplo. Hay diferencias entre cómo crees que has jugado, cómo te hubiera gustado jugar y cómo cree el público que has jugado. Y no siempre coinciden.

Llegar a un juicio equilibrado entre cómo son las cosas que hacemos, cómo las percibimos y cómo las perciben los demás es una de las cosas más importantes que debemos hacer cuando analizamos aquello que hemos hecho, y que queda expuesto al exterior.

By Paul Reynolds (Flickr: Reflection) [CC-BY-2.0 (http://creativecommons.org/licenses/by/2.0)], via Wikimedia Commons
By Paul Reynolds (Flickr: Reflection) [CC-BY-2.0 (http://creativecommons.org/licenses/by/2.0)], via Wikimedia Commons
Y, por supuesto, pasa lo mismo con los productos y servicios que ofrecemos a nuestros clientes. Entre lo que tenemos en mente, lo que creemos que tenemos y cómo lo perciben los clientes, puede haber diferencias.

De esas tres, hay dos de la que puedes estar seguro, si quieres: las dos primeras.  Ambas son una interpretación (más o menos subjetiva) de un objetivo. Pero, ¿sobre lo que opinan los demás de lo que has hecho? Ahí la cosa cambia. Y, sin embargo, puede que sea la más importante de las tres.

Lo que querías

Respecto a la idea que tenías en mente, las expectativas tienen que ser siempre altas, aunque en términos relativos. Por ejemplo, si vas a decir un discurso en la boda de un amigo, no esperes por ello pasar a la historia como Martin Luther King y su I have a dream.

Expectativas por tanto altas, sí, pero conmensuradas y realistas respecto a tus capacidades, medios, plazos y el propio contexto. Y, por supuesto, sin perder nunca de vista la ambición. Pero no permitas que unas metas excesivas bloqueen que tu proyecto, tu idea, salga adelante. Todo es mejorable con el tiempo. Parte de algo.

Lo que crees haber conseguido

Las personas que mejor rinden en su trabajo son aquellas que tienen un mayor sentido de autocrítica. La capacidad de autocrítica no solo es buena sino que es un arma muy poderosa para el crecimiento personal y profesional.

Pero, nuevamente, los extremos son malos. No puede sucedernos como a la madrastra de Blancanieves, a la que el espejo le devuelve solo lo que quiere oír. Tampoco podemos caer en un derrotismo injustificado. Hay personas que, por su propia naturaleza, tienden a lo uno o a lo otro.

Mi consejo, en cualquier caso, es:

  • Pon tus objetivos (lo que tienes en mente) por escrito, en frases sencillas y verificables. Por ejemplo, en el caso de dar una presentación, terminar en el tiempo asignado, no saltarte ninguna transparencia o recibir al menos cinco preguntas de la audiencia. 
  • Define cómo los vas a verificar. En el ejemplo anterior, necesitarás un cronómetro para medir los tiempos.
  • Verifica tus objetivos después de la presentación, el lanzamiento del producto, el partido, …, lo que te ocupe.

Esto es de sobras conocido en cualquier proceso de ingeniería: se definen unos requisitos  (qué vamos a hacer) y unas pruebas de aceptación (casos de prueba) y se ejecutan las pruebas en sí mismas (tests). Si estás desarrollando un sistema, esto ya lo harás. A lo que me refiero más arriba no tiene que ver con el proceso de ingeniería sino con lo que podríamos llamar la validación de la misión/visión de lo que te proponías hacer, en base a hechos fácilmente medibles y objetivos.

Y, por supuesto, siempre está el factor subjetivo, que no podemos obviar. Y entre el victimismo y el optimismo, me quedo con éste último (ojo que optimismo no es lo mismo que el autoengaño). Prefiero sin duda la actitud del  mago Magic Andreu, que veía de pequeño por televisión. Cada vez que terminaba con éxito un truco de magia, en tono totalmente humorístico, se felicitaba a sí mismo, decía lo bueno que era, y se colgaba una medalla.

El Magic Andreu (http://www.elmagicandreu.com/)
El Magic Andreu (http://www.elmagicandreu.com/)

Lo que piensan los demás

No basta con preguntar a cualquiera. Si le preguntas a tu madre, o a tu abuela, no esperes un juicio de valor mu y objetivo. Tomarse la recogida de feedback es un acto de honestidad contigo y con los demás. Ya vimos que puede llevar a situaciones casi cómicas, como en la entrevista del psiquiatra a Richard Feynman.

Cuándo pedir dicha opinión es un aspecto también importante. Por ejemplo, en el caso de un curso o una charla impartidos, creo que es mejor recoger el feedback justo al terminar la misma, en la medida de lo posible. Si no lo es, invita a tu audiencia a que te manden sus comentarios, por ejemplo, por correo electrónico. Es difícil conseguir dicho feedback, así que recurre a tus mejores trucos. Ofrecer algo a cambio por adelantado; un pequeño detalle que dé valor, como por ejemplo un documento o un vídeo que reserves para la ocasión (no disponible para todo el mundo) bastará. No hace falta que te fundas todo tu presupuesto en esto.

Y conviene no olvidar que el feedback siempre lo vas a necesitar. ¿Qué ocurre cuando estás desarrollando un producto o servicio y todavía no ha visto lanzado? No tienes feedback. Sobre la idea de hacer una primera campaña entre un número limitado y escogido de usuarios para validar el concepto o el plan de negocio se ha escrito mucho. No quiero ahondar en esto ahora, pero recomiendo, por ejemplo, el artículo de Javier Megías La Estrategia de lanzar 2 veces tu producto al mercado sobre este punto.

Conclusiones

Como dice Seth Godin (ya tardábamos en mentarle en esta entrada):

La única forma de saber lo que piensan las personas es observar qué hacen, qué dicen. ¿Vuelven a por más? ¿Haces que cambien su comportamiento? ¿Puedes hacer que sonrían? (Seth Godin)

Lo idea que tenía en mente para este artículo es bastante aproximado a lo que (creo) que ha salido. Podría dedicarle más tiempo, pero nada me asegura que el resultado fuera a ser mejor, o que el esfuerzo adicional compense.

Así que ahora te toca a ti. ¿Vas a volver a por más? ¿Has aprendido algo de esto, que te vaya a hacer comportarte de otra manera? ¿Te he hecho sonreír? Espero tu feedback en los comentarios más abajo ;).

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