Toy Story

Toy Story: del sueño de un niño al éxito de Pixar

Aprovechando el periodo de navidad, desde el suplemento Tercer Milenio de Heraldo de Aragón me pidieron que escribiera un post sobre innovación y juguetes. Tras barajar varias alternativas, y puestos a hablar de juguetes, nos decantamos por la historia de las historias de los juguetes: Toy Story. Dicha historia la tenía bien en mente: andaba yo leyendo hace unos meses el libro Creatividad, S.A. de Ed Catmull, cofundador y director de Pixar. La Biblia (con mayúsculas) para los directores de empresas creativas.

Poca gente sabe (o recuerda) que Toy Story fue la primera película de animación realizada enteramente por ordenador. La historia de Pixar es la historia viva de la animación por ordenador. Del desarrollo tanto del software como del hardware que hizo posible maravillas como Toy Story, y que todavía nos sorprende en cada nueva película. Pero es también la historia sobre cómo la libertad para crear permite hacer maravillas como la citada película. Pixar no fue fruto de un día. Detrás de Toy Story hay muchos años de esfuerzos, éxitos y sinsabores de gente como el propio Ed Catmull y John Lasseter.  Pero lo que me parece realmente más llamativo es que, pese a tener sus orígenes en la tecnología (la animación por computadora), desde el principio tienen claro en Pixar que lo importante a la hora de hacer una buena película es la historia.

Para los amantes del cine la afirmación anterior puede ser una perogrullada. Pero, con demasiada frecuencia,  a los que desarrollamos tecnología, se nos suele olvidar que lo importante no es la tecnología en sí misma, sino el resolver de forma satisfactoria aquellos problemas a los que queremos dar solución. La tecnología es el medio, no el fin. Y Toy Story (y Pixar) es un buen ejemplo para recordar.

Toy Story: del sueño de un niño al éxito de Pixar

Puedes leer el artículo completo en la edición digital de Tercer Milenio en este enlace, o haciendo click en la imagen inferior.

Toy Story

Les conté la historia a mis hijos. Se rieron mucho con la parte del feedback que recibían de Disney sobre Woody. No estoy seguro de haberlo conseguido, porque son pequeños, pero intenté transmitirles uno de los grandes mensajes detrás de esta historia:

Sé tú mismo. Escucha y acepta los consejos de quien más sabe. Pero incluso esas personas pueden estar equivocadas, o un excesivo amor por el principio de autoridad puede llevarte a traicionar tus ideas, y conducirte al  fracaso. Por eso debes tratar de ser tú mismo.

 

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