La historia del primer cajero automático

Dinero (¡y chocolatinas!) las 24 horas del día: el primer cajero automático

Hace unos meses me dirigí a un supermercado para hacer una compra de última hora. Era sábado por la tarde y las filas en las cajas eran enormes. Cuando fui a pagar, descubrí que se me había olvidado la cartera en casa. Ni dinero ni tarjetas. Nada. Me disponía a abandonar la fila y volver a casa con las orejas agachadas cuando caí en la cuenta. Podía usar mi teléfono móvil para pagar gracias a un monedero digital y la tecnología NFC. Prueba superada y orgullo razonablemente salvado.

Ignoro si la idea de poder pagar sin dinero ni tarjeta, usando el móvil, surgió de un incidente como este. Pero sí sabemos que quien inventó los cajeros automáticos lo hizo precisamente después de no poder retirar dinero de su banco, al encontrarse la oficina cerrada. Paradójicamente no fue el primero en intentarlo, pero sí en tener éxito.

Simjian, el ‘segundo Edison’

Todos conocemos, desde que íbamos al colegio, al gran Thomas Alva Edison. Menos conocido es Luther George Simjian, al que algunos denominan el ‘segundo Edison’ por tener casi 200 patentes a su nombre. Simjian quedó huérfano de padres tras el genocidio del pueblo armenio por parte del imperio otomano. De pequeño tuvo que emigrar a Estados Unidos, donde terminaría desarrollando una brillante carrera como inventor.

Simjian inventó el primer cajero automático, pero no tuvo éxito. A veces pasa cuando eres el primero. En 1939 registró hasta 20 patentes relacionadas con los cajeros automáticos. Contactó con el grupo bancario Citi y consiguió que se hiciera una prueba. Sin embargo, el resultado no fue el esperado: la gente que usaba el cajero lo hacía persiguiendo el ‘anonimato’, sin ser vistos por el personal del banco.

Por llegar unos minutos tarde … ¡y gracias al chocolate!

Habría que esperar a los años sesenta para encontrar el primer cajero automático que fue aceptado por los usuarios. Se le debe al escocés John Shepherd-Barron. Cuenta la historia que, un sábado por la mañana, John pretendía sacar dinero del banco y se encontró que había cerrado hacía solo unos minutos.

Como otros muchos en su tiempo, sufrió en sus carnes el problema de no poder disponer de efectivo 24 horas al día, todos los días del año. Pero, a diferencia del resto, puso su empeño en resolver este ‘pequeño’ inconveniente. John trabajaba por entonces en una empresa que hacía máquinas para contar billetes. Pero la inspiración le vino de las máquinas dispensadoras de chocolatinas: una manera sencilla de conseguir chocolate en cualquier momento del día.

El primer cajero era muy distinto a los que conocemos ahora. No existían las bandas magnéticas, por lo que las ‘tarjetas’ eran cheques impregnados con un material radiactivo. Ideó también los códigos PIN (siglas de Número de Identificación Personal, en inglés) de cuatro dígitos para identificar al propietario. John Shepherd-Barron pensó en un número de seis dígitos, como el que identifica a los soldados, pero su mujer le recomendó que fueran cuatro por ser más fácil de recordar.

El cajero de Shepherd-Barron no estaba conectado a la red del banco. Solo dispensaba billetes de 10 libras y, al no poder comprobar si el usuario disponía de saldo, estaba restringido a personas de máxima confianza del banco.

Fue el grupo Barclays quien puso en marcha el primer cajero automático de Shepherd-Barron, en el municipio londinense de Enfield Town, un 27 de junio de 1967. Los cajeros automáticos no llegarían a España hasta 1974, ya con banda magnética. Desde entonces, han estado en constante evolución.

Por su aportación a la banca, en 2005 John Shepherd-Barron recibió el nombramiento de Oficial de la Orden del Imperio Británico.

El futuro de los cajeros

En la actualidad, los medios de pago están evolucionando de forma vertiginosa. La introducción de banda magnética, la conexión a red, la posibilidad de pagar en comercios… son realidad desde hace tiempo.

Hoy en día ya no necesitamos ni la tarjeta. Pero, ¿y si nos olvidamos el móvil y la cartera? ¿Podemos todavía pagar? Los bancos ya han pensado en ello: relojes inteligentes, huellas dactilares, iris del ojo o reconocimiento facial nos están liberando ya de esos ‘pesados’ artilugios que son las tarjetas.

Lecciones aprendidas

  • No importa no ser el primero Ser el primero en hacer o conseguir algo no significa necesariamente alcanzar el éxito. Facebook no inventó el concepto de red social, ya había una antes (MySpace). Pero por algún motivo MySpace desapareció y fue Facebook quien se llevó todos los honores.
  • La solución que vale para ti vale para otros Como ya se ha dicho en otras ocasiones, si tienes un problema, resuélvelo. Una vez resuelto descubrirás que son muchos a los que tu propuesta les resulta interesante.
  • Inconformismo El inconformismo siempre ha sido un valor en alza. Si todo el mundo asumiera que «las cosas siempre han sido así» y no se hiciera nada por cambiarlas, entonces no habría progreso.

Nota: este artículo apareció por primera vez en el suplemento de Ciencia y Tecnología Tercer Milenio de Heraldo de Aragón

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