No siempre tienes que ser el experto que eres (o crees ser)

Probablemente el pecado capital que con más frecuencia me he encontrado en mi vida profesional sea el de la soberbia. Esa maldita costumbre de creernos y mostrarnos mejores que los demás, de menospreciar el trabajo de otros. Hasta traspasar las propias competencias de uno e invadir las ajenas.

Hay quien confunde arrogancia con saber venderse bien, y critica la humildad y el saber estar como un defecto.

Es cierto que una excesiva humildad no es buena (haz las cosas bien, y ponlas donde todo el mundo las pueda ver), pero, como de costumbre, la virtud está en el término medio.

Hace poco me pasaron este vídeo de una rueda de prensa del entrenador de baloncesto Frank Martin. En el mismo, Martin da una magnífica lección sobre por qué hay que estar callado en ciertas ocasiones y no demostrar que sabes todo lo que realmente sabes (o crees saber). Y sobre cómo respetar el trabajo de los demás y poner coto a los límites del de uno mismo.

Dedicado también con cariño a todos esos padres, entre los que me incluyo, que creen llevar un entrenador dentro cada partido de fin de semana de sus hijos.

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2 comentarios

    1. Y, en el caso de los críos y el deporte, la frustración de muchos padres, que quieren para sus hijos aquello que deseaban para ellos mismos.

      Uno de mis hijos juega de portero de fútbol sala. He llegado a ver a padres de porteros (¡no es mi caso!) tras la portería todo el partido asesorando, corrigiendo, animando y abroncando al pobre crío.

      ¡Gracias por comentar!
      8)

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