Seguridad: La única opción para ganar es no jugar

París y Juegos de Guerra: El único movimiento para ganar es no jugar

Éste no es el mundo en el que nací. No en el que me crié y aprendí los valores sobre los que he construido mi vida.

En el mundo en el que nací la película Juegos de Guerra era ciencia ficción en estado puro. No veía cómo mi flamante Spectrum 48k (ni los Commodore, ni los Amstrad de la época) podrían alguna vez conectarse con otros ordenadores, y menos aún comprometer la seguridad del mundo entero.

Tengo por ahí, perdido por algún rincón de los borradores de WordPress, un artículo en el que defiendo uno de los que creo (o, mejor dicho, creía) grandes giros de la humanidad en las últimos 20 años.

Las grandes innovaciones, los grandes avances de la humanidad, en materia tecnológica no vienen ya del mundo militar sino del marketing.

Y es ahora, tras los atentados que sufrió la ciudad de París el pasado 13 de Noviembre, que caigo en la cuenta de que dicha frase no está exenta de cierta ingenuidad.

Juegos de Guerra

En un mundo en que vives razonablemente tranquilo, en el que muertos y atentados están a miles de kilómetros de distancia, es fácil autoengañarse pensando que los avances en materia militar ya no son la principal fuente de la que bebe el progreso, que es el marketing, Internet, las redes sociales, … Sin embargo, los avances en materia de seguridad y de defensa siempre están ahí.

Hacia una cultura de la seguridad

Los atentados de París nos devuelven a la realidad.  Y, curiosamente, no por avances en armamento sofisticado, sino por la seguridad. La seguridad de la información, de las comunicaciones y, con ello, la de las personas.

En un mundo conectado, en el que no puedes bajar a comprar el pan a la esquina sin que Facebook o Google se enteren (¡sin necesidad de tuitearlo!), tenemos que protegernos y anticiparnos a grupos de individuos que tratan de imponer estados medievales, combatiendo con técnicas, estrategias y tecnologías de nuestro siglo.

Volviendo a la película Juegos de Guerra, quizá quepa preguntarse por la cita que da título a este artículo:

Extraño juego: El único movimiento para ganar es no jugar

Seguridad: La única opción para ganar es no jugar

En una guerra total la máquina descubre que, sea cual sea el movimiento, nadie gana. Y, efectivamente, si la cuestión del juego fuese quién ataca primero, nadie gana.

Quizá, como en Juegos de Guerra, lo que tenemos que hacer es jugar a otra cosa, para terminar descubriendo que a determinados juegos nadie termina ganando.

Aunque como especie, la historia ya nos ha enseñado eso. A determinados “juegos” nadie gana.

Pero mientras tratamos de encontrar vías para evolucionar realmente como especie, en el corto y medio plazo, mucho me temo que debemos protegernos y atacar. Pero no con misiles y armamento pesado. La batalla para evitar una guerra se producirá, como decía antes, en el terreno de la seguridad.

Es necesario proteger las comunicaciones, los sistemas de información, las infraestructuras industriales y, especialmente, las infraestructuras críticas propias (energía, agua, sanidad, comunicaciones, …). Pero al mismo tiempo se tendrán que comprometer las del contrario (en este caso, los del Estado Islámico, ISIS, o el nombre que le quieras poner). Y no solo sus comunicaciones, sino también sus medios de financiación, captación y propaganda.

Pero se debe avanzar inexorablemente hacia una cultura de la seguridad. Occidente no puede renunciar a libertades y derechos adquiridos. No se puede simplemente dejar de ir a discotecas o estadios de fútbol, y no se puede ir con miedo (superado el shock inicial). Como tampoco se puede prohibir su acceso a personas de otras razas o religiones (por el mero hecho de serlo), señalarles con el dedo o sobreprotegernos, por si acaso, para acceder a determinados sitios (todavía colea el 11-S y sus implicaciones en la seguridad aeroportuaria).

Pero sí deberemos ser conscientes de que la seguridad es cosa de todos, no solo de los gobiernos y de los medios tecnológicos. Y, éste es precisamente, es el punto de equilibrio más difícil de alcanzar.

Las organizaciones con una cultura de seguridad viven el día a día de manera que el trabajo diario está por encima de las medidas de seguridad, sin menoscabo ni del uno ni del otro. Es decir, la seguridad no puede impedir realizar los objetivos de la organización. Es una barrera para protegerse de eventuales ataques  y amenazas, no un medio en sí mismo. Lo mismo debería suceder con las sociedades.

¿Y la educación?

Por supuesto, además de la seguridad, la educación jugará un papel fundamental en este problema. El siguiente tuit lo resume perfectamente.

Educación para inculcar que uno puede defender las ideas que quiera, siempre que se respete al otro y no se impongan a la fuerza. Aunque mucho me temo que ésta es una vía de muy largo plazo. Necesaria, pero de largo plazo.

Conclusiones

Lamento decir que, de cara a la opinión pública (los votantes), es más efectista proclamar grandes alianzas de estados y lanza ataques contra los (supuestos) bastiones del Estado Islámico. Pero la verdadera batalla se va a librar en el terreno de la seguridad. Y deberemos acostumbrarnos (si no lo hemos hecho ya) en que todos somos parte de esa batalla. No podemos permanecer al margen de la misma, ni ignorándola ni sobreactuando ante ella.

Ojalá vivieramos en un mundo en paz. Ojalá todo se solucionase con la educación en ambas partes. Pero mientras tanto deberemos ser parte de esa cultura de la seguridad.

 

4s comentarios

    1. La Ley Mordaza es parte de la cultura de seguridad, sí, pero como un error de dicha cultura. No se puede, como digo en el post, sobreactuar ni aprovechar hechos o coyunturas puntuales para legislar como a uno le da la realísima gana.

      No creo, en este caso, en la teoría de la conspiración. Pero sí es cierto que, lamentablemente, se está usando para meter miedo y tratar de inclinar la balanza hacia determinadas opciones políticas.

      ¡Gracias por aportar!
      8)

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