Money for nothing: Menospreciando el trabajo de los demás

Si le preguntas a cualquiera de mi generación quién cantaba aquello del Money For Nothing responderá, sin pestañear, Dire Straits. Y será capaz hasta de cantar el estribillo e incluso atreverse con el famoso solo de guitarra.

La canción tiene su historia, al margen de la estética innovadora para la época (mediados de los años 80) y de estar hecho con animaciones. En ella, un trabajador de una tienda de electrodomésticos (o similar) se queja de su trabajo: tiene que instalar microondas y repartir cocinas a medida, repartir frigoríficos y televisores a color. Sin embargo, según el personaje, los cantantes de rock ganan dinero por nada (money for nothing) y tienen  chicas gratis (chicks for free).

Sí, efectivamente, hay mucha gente que gana mucho dinero para el esfuerzo que hace. Fin del debate. Pero no es menos cierto que tendemos a despreciar el trabajo de los demás, a minusvalorar el esfuerzo y las dificultades que conlleva. A entonar el money for nothing en base a prejuicios y estereotipos por desconocimiento de lo que hace el otro, asunto del que ya hablé en una entrada del  blog sobre la necesidad de la figura del jefe de proyecto.

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Hace unas semanas circulaba por ahí una campaña cuyo lema era “No cobro por lo que hago. Cobro por lo que sé. No regales tu trabajo”. No cabe duda de que la frase es efectista, al extremo de que la primera reacción puede ser asentir, sin más, a la supuesta verdad que esconde la cita. Sin embargo, me temo que no estoy de acuerdo con ella. Casi en paralelo, y por “casualidades” de al vida me encontré con un artículo interesantísimo, con ese mismo título, y contando un caso por desgracia, me temo, demasiado habitual. En el mismo, el autor cuenta cómo un cliente le rechazó una propuesta de diseño para un logo por que le estaba cobrando demasiado para lo sencillo que era dicho diseño. El colmo de los colmos. ¿Cómo lo hubiera valorado? ¿Con un diseño del barroco churrigueresco? Increíble.

El problema se repite en muchos sectores. Por ejemplo, en el sector de las PYMES el software se ha convertido en una commodity, algo que tienes, que está ahí, pero que no es nada excepcional, que distinga a unos de otros (pensemos, por ejemplo, en el caso de los ERPs). A principios de los 80 un consultor informático era una especie de Dios. Hoy “todo el mundo sabe de software” (entre comillas bien gordas). Sí es cierto que las empresas cuentan con profesionales en plantilla o externos que les asesoran en este tipo de decisiones pero, aún así, el esfuerzo que lleva hacer un buen trabajo se minusvalora.

Uno no debe ser pagado por lo que sabe, sino por lo que hace. Lo que sucede es que, para hacer lo que hacemos (valga la redundancia) debemos atesorar muchos conocimientos y experiencia, y esa es la parte que no se ve. Bastantes supuestos gurús hay por ahí que cobran por saber (o creer saber) y no por hacer. Pero una parte fundamental en todo esto es entender el valor de las cosas, que uno no llega a un diseño sencillo en dos minutos (¡justo al contrario!) En definitiva, a saber valorar el trabajo realizado por los demás.

Y, si no, ya se sabe. Cada cual puede construirse su propia piscina.

8s comentarios

  1. Solo un pequeño matiz. Se suele cobrar por lo que se soluciona. Cuando los problemas son nuevos, los conocimientos anteriores no sirven; a no ser que se reciclen.

  2. Hasta ahora creía que la frase tenía razón a secas, sin matices pero leyendo tu artículo, Ángel, me has hecho reflexionar sobre ella.

    Ahora creo que la frase está mal y que llevas razón,cobro por lo que hago pero ¿qué es lo que hago?.
    Como en un video del viernes que puse donde Tony Leblanc arregla un coche apretando un tornillo y quiere cobrar 20 duros (de la época) por ello.

    El saber que es lo que tienes que hacer y hacerlo y en menos tiempo o en una mejor calidad o en un mejor detalle o en un mejor … es un valor añadido que tienes como profesional es lo que te hace diferente y es por lo que se paga.

    No sólo por lo que sabes, por lo que sabes, por lo que haces, por cómo lo haces, por cómo das soporte después, etc. etc. etc. son muchas cosas.

    Aunque las campañas ya sabemos que necesitan eslóganes cortos y contundentes.

    Buena reflexión. Gracias por ella.

    1. Gracias Julián!

      Hoy he recordado el vídeo sobre el tornillo a raíz de vuestro Haiku de Peter Drucker (http://www.laboratorioti.com/2014/10/15/el-haiku-peter-drucker-los-trabajadores-del-conocimiento-son-activos-coste/). Inicialmente este artículo estaba más enfocado a emprendedores y consultores artesanos, pero su mensaje es universalmente válido y encaja con vuestra tesis en el citado Haiku (“Los Trabajadores del Conocimiento son Activos, No Coste”)

      El problema es la simplificación. Una lectura rápida de la frase, como con casi todo que circula por Internet, hace que mucha gente levite dos palmos del suelo porque sabe mucho y debe ser pagado en función de eso. Una vez vino a comer un amigo de la familia, que se estaba preparando para ser piloto. En la conversación dijo que un piloto tiene que ganar mucho porque es mucho el esfuerzo de preparación. ¡Como si los demás nos hubiéramos sacado la carrera con la gorra!Un piloto, o un futbolista profesional, como cualquiera, debe cobrar por el valor que da (económica y/o funcionalmente hablando). ¡Pero tiene que demostrarlo! (y, eveidentemente, prepararse para ello).

      Efectivamente, el conocimiento que atesora uno es el que le da valor. Pero los hechos son incontestables. En línea con el comentario de #Jerby, o resuelves problemas, o no los resuelves. Por mucho que creas que sabes (y eso sí es subjetivo).

      ¡Gracias por comentar!

      1. Y en línea con tu artículo, ¿cómo valoramos el conocimiento y el trabajo de los agricultores? e incluso ¿su innovación constante en el campo de la producción?

        Pues casi me aventuro a decir que la mayoría de la gente lo desprecia y no considera que sea un campo cool o digno de admiración y tienen tanto o más trabajo que los demás y tanto o más conocimiento que otros.

        Si es que llevas razón que no hay que menospreciar a los demás y, yo sacaría un corolario, el dinero no da una medida de la valía, da una medida de lo están dispuestos los demás a pagar por lo que haces.

        Seguro que un tipo que desarrollase la vacuna del Ébola (supongamos que fuera él solo sin ayuda de nadie más ;)) no ganaría nunca lo que ningún futbolista normal, ya no un CR o un ME, etc.

        1. Ese es el problema, que no se valora. Hoy en día parece que todo tiene que ser tecnología, páginas web y feisbuks 🙂

          Una de las mayores lecciones que me llevo de mi anterior trabajo es precisamente un enorme respeto por todos los trabajos. A mí me enseñaron en el colegio los afluentes de los ríos, y todos los músculos y huesos del cuerpo humano (ahora, para más recochineo, mis hijos se los aprenden en inglés :P) Pero nadie me enseñó qué tiene que suceder para que el cuaderno que compro en la tienda llegue hasta la misma, o la caja de leche, o la bandeja de hamburguesas, o …

          No lo valoramos porque no lo conocemos. Y no lo conocemos porque “no lucen” como otros, y no nos enseñan cómo es posible que sucedan las cosas más cotidianas.

          Tengo un artículo pendiente sobre esto. Ya me extenderé lo que haga falta 🙂

          ¡Gracias por tu opinión!

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