Conocer a tus clientes: el “chiste” del vendedor de trajes

Hoy por casualidad me he topado con un chiste que me llegó hace muchos años por correo electrónico (cuando estas cosas te las mandaban por correo, porque no conocíamos ni el Whatsapp ni las redes sociales). De autor, imagino, desconocido, circuló por ahí, y paso a compartirlo.

Foto por James Peacok (Flickr). Algunos derechos reservados
Foto por James Peacok (Flickr). Algunos derechos reservados

Juan no tenía problemas y era feliz. Un día empezó a sufrir dolores de cabeza, ligeros al principio, pero que fueron aumentando hasta llegar a ser insoportables. Cuando su trabajo y su vida empezaron a ser afectados por este problema, Juan se decidió a ir al médico.

El especialista lo examinó, realizó radiografías, muestras de sangre, de heces, de orina, y por fin le dijo:

— Le tengo una noticia buena y una mala. La buena es que puedo curarle sus dolores de cabeza. La mala es que para hacerlo tendré que castrarlo. Usted sufre una rara situación en la que sus testículos oprimen la base de su columna vertebral, y eso le causa dolores de cabeza. La única manera de remediarlo es extirpar sus testículos.

Juan quedó deprimido, pero sus jaquecas empeoraban y desesperado decidió someterse a la operación.

Al salir del hospital, el dolor de cabeza había desaparecido por completo, pero se sentía abatido y desanimado, como si le faltara una parte de sí mismo (obviamente).

— Lo que necesito es un traje nuevo- se dijo

Así que entró en la tienda y pidió un traje. El vendedor lo observó por un momento y dijo:

— Muy bien, talla 44.

— ¡Exacto! ¿Cómo lo supo?

— Es mi trabajo -repuso el vendedor-.

Juan se probó el traje, que le quedó perfectamente. Mientras se observaba en el espejo, el vendedor le dijo:

— ¿Qué le parece una camisa nueva?

Juan respondió:

— Pues, ¿por qué no?

— Veamos, ha de ser un 34 de mangas y dieciséis de cuello.

— ¿Cómo lo supo?

— Es mi trabajo -repitió el vendedor-.

Juan se puso la camisa y mientras se veía en el espejo, el vendedor le dijo:

— ¿Unos zapatos nuevos?

— Por supuesto -dijo-.

El vendedor echó un vistazo a los pies de Juan.

— Un 42

— ¡Exacto! ¿Cómo lo supo?

— Es mi trabajo -respondió el vendedor-

Mientras Juan admiraba sus zapatos nuevos, el vendedor le preguntó:

— ¿Qué le parece si se lleva también unos calzoncillos nuevos?

Juan por un segundo pensó en la operación que acababa de sufrir, y dijo:

— ¡Buena idea!

— Debe ser calzoncillo de talla 36 -dijo el vendedor

Juan se rió:

— No, se equivoca. He usado talla 34 desde los dieciocho años.

El vendedor negó con la cabeza:

— No es posible que use la 34; el calzoncillo estaría demasiado apretado, le presionaría los huevos contra la base de la columna y tendría todo el día un tremendo dolor de cabeza……

¿A que no hace falta decir la moraleja? 🙂 Ser un profesional como la copa de un pino para saber qué necesitan tus clientes, y resolverles sus problemas. Y, como clientes que también somos, qué os voy a contar 🙂

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5s comentarios

  1. Aunque no deja de ser un chiste, lo cierto es que a menudo, solemos vestir trajes prestados por una serie de presiones sociales.

    Y en alguna forma, nos acaba doliendo la cabeza…

    1. #Jerby, eres un genio de la metáfora y del procuct placement 😉

      Totalmente de acuerdo en lo que dices. De hecho el traje nos debe de venir grande, porque nos tenemos que apretar de lo lindo el cinturón.

      ¡Gracias por comentar!

  2. Pues el caso es que a este hombre, o nunca le supieron decir bien cuál era su talla, ni él se dio cuenta de que esa talla no era la suya, o bien nunca se asesoró con nungún entendido 🙂
    Muy bueno 🙂
    Por cierto, ya tienes mi voto para los Bitácoras 🙂

¡GRACIAS POR COMENTAR!