Hablando con mis hijos sobre ciberseguridad y Ready Player One

Prometo que voy a intentar no hacer spoiler de la película Ready Player One. Hace unos días fui a verla con mis hijos (12 y 8 años, respectivamente). Para mi gusto personal la película no es nada del otro mundo, pero sí entretenida (mis expectativas iniciales eran realmente muy bajas). Pero, sobre todo, y más importante, fui anotando mentalmente una serie de mensajes y moralejas que nos enseña la película. Al salir del cine, y aprovechando que estaban con la lógica emoción de haber visto la película, hablé con ellos de ciberseguridad.

Pero, primero, la trama.

Ready Player One

Os dejo en enlace a FilmAffinity y un trailer de la película para no enrollarme más de lo debido.

Muy resumidamente, y seguramente con muchas imprecisiones, la película se ambienta en una sociedad futura en la que la máxima distracción (¡y obsesión!) consiste en conectarse a un mundo de realidad virtual denominado Oasis. Al morir, el creador de ese mundo deja una serie de pruebas que permitirá al que las supere poseer la totalidad de la plataforma para regir su destino. Se trata sin duda de un negocio enormemente lucrativo, lo que llevará incluso a una gran empresa a realizar una importante inversión en medios y recursos para hacerse con el multimillonario negocio (el mayor sobre la tierra).

Qué les puede enseñar la película a nuestros hijos

¡Y a nosotros mismos!

Mundo real y mundo virtual

Parece ser que el primer mensaje que les caló (dicho por ellos mismos) fue la importancia del mundo real frente al virtual. De las cosas que podemos disfrutar en el primero y que no nos proporcionará el segundo.

No sé si es la mejor manera de empezar, porque puede sonar al rollo de “ya está papá/mamá diciendo que pase menos tiempo con el móvil/tablet/ordenador“, pero realmente fue la primera que dijeron ellos.

La privacidad

Frente al pensamiento generalizado de que se puede mantener el anonimato en los mundos virtuales y las redes sociales, la película nos enseña cómo su protagonista es localizado en el mundo real casi inmediatamente por dos datos que comparte con otro en el mundo virtual. Su nombre propio real y el hecho de haber adquirido recientemente un traje háptico.

Los mundos virtuales y, por extensión, las redes sociales, no están totalmente aislados entre sí. Si queremos el anonimato, el más mínimo dato puede ayudar a revelar nuestra identidad verdadera.

Es una simple cuestión de trazabilidad, de cruzar y asociar datos para reducir el número de candidatos. Para lo bueno, y para lo malo.

Las contraseñas son tuyas y de nadie más

Salvo de los padres, claro 🙂

Por resumir y no caer en el spoiler fácil, no es muy inteligente dejar una contraseña en un post-it, bien visible a todo el mundo. Menos aún cuando eres un “malote” que quiere dominar a la humanidad.

Y, ya puestos, si eres un ministro, tampoco pongas tu usuario y contraseña en un post-it. Menos aún te hagas una fotografía oficial en la que se pueda leer. Porque, además, si la contraseña en cuestión es 123456 el ridículo va a ser doble. Y, hablando de películas, ahí va la escena de la mítica Spaceballs.

https://youtu.be/a6iW-8xPw3k

Nadie es quien dice ser

Una cosa es el avatar que tengamos, la imagen de nosotros mismos que proyectemos en redes sociales, y otra la realidad. Muy poca gente, por no decir nadie, pondría en su bio y publicaciones de Facebook o Twitter que es un pobre desgraciado sin amigos, más feo que Picio y que las pasa moradas para llegar a finales de mes. En el mundo virtual, todos molamos.

Mentir es muy fácil. Demasiado. Y en el mundo hay gente mala. Con fines, delirios y deseos más que turbios.  Y el anonimato que confieren las redes sociales y los mundos virtuales son un escenario magnífico para sus fines.

Bajo el avatar de un niño de 12 años puede esconderse un pederasta. o un secuestrador. O incluso casos de pederastia virtual en Second Life (atentos al debate, porque las personas tras los avatares eran un hombre de 54 años y una mujer de 27).

Y cuanto más inocente es la red, cuando parece que no hay peligro, peor. Cuanto menos vigilancia, más apetecible para quien quiere engañar. Hasta para mí fue una sorpresa cuando me enteré de que se estaban dando casos hasta en mundos virtuales como Club Penguin, en el que mis hijos jugaron alrededor de un año (¡con supervisión!)

La llamada del dinero

A veces las plataformas virtuales y redes sociales trascienden lo puramente lúdico o informativo.

  • Facebook surge como una aplicación para interconectar estudiantes de una misma universidad, y termina siendo el gigante empresarial que hoy todos conocemos. Dudo mucho de que en los planes de Zuckerberg estuviera influir (¿manipular?) las elecciones a la presidencia de los EEUU, como revela el escándalo reciente de Cambridge Analytica.
  • En los mundos virtuales como Second Life es posible ganar dinero. Dinero que luego puede convertirse en euros contantes  y sonantes. Terreno abonado para el blanqueo de dinero.

En la película, la empresa IOI invierte una gran cantidad en medios de personal y recursos tecnológicos para conseguir dinero y el dominio de la plataforma. ¿No os recuerda en nada a las grandes granjas que hay por el mundo para minar bitcoins?

La importancia del relato

A la inmensa mayoría de los padres nos preocupan cuestiones como la seguridad en redes y el ciberbullying. No nacimos ni nos criamos con estas tecnologías, lo cual nos asusta. Pero en el fondo no hay tanta diferencia con lo que nos decían (y decimos): no hables con extraños, no aceptes cosas de desconocidos, no le digas a nadie tu dirección, … “Simplemente” el problema se ha hecho global y digitalizado.

Guste más o menos la película, es una buena historia para que nuestros hijos interioricen mejor los problemas en Internet relacionados con la privacidad y la seguridad. Vale más una película que vean y les guste, y que discutamos luego juntos, que mil sermones que podamos darles.

¿Habéis visto la película? ¿Se os ocurre alguna cosa más? ¿Habéis hablado con vuestros hijos? Como siempre, se agradecen los comentarios.

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5 comentarios

  1. ¿Pero tú vas alguna vez al cine o ves Bob Esponja sin analizarlo todo a fondo? XDDD
    No he visto Ready Player One aún, aunque le tengo ganas por el tema de la nostalgia ochentera y tal. Espero que no me decepcione como la serie de Stranger Things.

    Por lo demás, me gusta el análisis y los certeros consejos que les has dado a tus hijos. Muy de acuerdo con tu perspectiva en general. Cuaando por fin la vea, seguro que la miro de otra forma 🙂

    1. No soy ni medio normal, no :'( :'(

      Como película ochentera tiene sus puntos de nostalgia y sus referencias. No entiendo de cine pero, como simple espectador, me parece pasable y entretenida (aunque bastante previsible; y quizá con demasiados estereotipos).

      Dicho esto, insisto en lo importante que es convencer a alguien mediante historias, como se ha hecho siempre. Y, para los niños, más aún. Porque tienen una mente más abierta a absorber las ideas cuando vienen de estas fuentes.

      ¡Gracias por comentar!
      8)

  2. Hola Ángel

    Siempre hay una nostalgia ochentera donde todo parecía más fácil, donde creíamos conocer quiénes eran los buenos y los malos y no sé si ya empezarían los primeros videojuegos.

    Pero los ’10 del siglo XXI parece que nos desbordan. Demasiada ‘infoxicación’ con demasiadas alternativas como para dar consejos o sugerencias a los nativos digitales.

    Un abrazo

    1. Ahora es más difícil discernir entre verdad y mentira (fake news, deepfake, …) El mundo no era tan simple como creíamos, pero puede que no sea tan complicado como creemos.

      ¡Gracias por comentar, #Jerby!
      8)

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