15 Pensamientos Desordenados de un Pez de Ojos Saltones

Quiero compartir con vosotros una lista de quince pensamientos desordenados, que he expuesto en numerosas ocasiones en el blog, con enlaces a algunos artículos señalados. No es una lista exhaustiva, ni ordenada bajo ningún criterio (solo el del teclado a altas horas de la mañana). No pretenden sentar cátedra, pero sí invitar a la reflexión.

Y a que conozcáis un poquito más El Miracielos, y mi forma de entender las cosas.

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  1. Una cosa es lo que uno desea y otra lo que intenta (y cómo lo intenta) y lo que consigue. No hay que desear, hay que hacer.
  2. Si creas expectativas, debes cumplirlas. Las expectativas son un arma tan potente como necesaria, pero muy peligrosa a la vez. Generan optimismo, motivan hacia una meta común, pero si no se cumplen dinamitan los cimientos de todo cuanto hayas podido hacer.
  3. Las cosas no son tan fáciles como parecen. Ni tan difíciles. Es cuestión de echarle imaginación y buscar los medios y recursos.
  4. No eres el rey del mundo. Como tú hay muchas personas, que son capaces de hacer las cosas mejor, igual o peor que tú. Lo importante es que des valor, que seas imprescindible.
  5. Valora el trabajo de los demás. Y el tuyo propio.
  6. No siempre se prospera por méritos: hay gente que está donde está destruyendo, en vez de construyendo. O simplemente son víctimas del Principio de Peter.
  7. No discutas con un tonto: te llevará a su terreno, y ahí te ganará por experiencia. Pero hasta el más imbécil sobre el planeta tiene algo que enseñarte.
  8. Sigue las normas, pero solo para hacer mejor tu trabajo, para aprender de ellas y mejorarlas. Y, en cualquier caso, recuerda que los procedimientos no pueden jamás estar por encima de tu ética personal y profesional.
  9. Nunca se está demasiado ocupado para mejorar.
  10. Pregunta, escucha, valora, no prejuzgues y adapta el lenguaje a tu interlocutor.
  11. No desesperes: hasta El Coyote llega a atrapar al Correcaminos.
  12. No temas al cambio. El cambio es bueno y necesario.
  13. Ten presente la importancia del sentido del humor en el trabajo.
  14. Empatiza
  15. Hay cuatro palabras que pueden destruir una organización: “No es asunto mío”.

Y, por haber llegado hasta aquí, otro gratis. Por mucho que uno diga y escriba, también, en ocasiones se equivoca y la fastidia. Todos somos humanos.

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11s comentarios

  1. Pues a mi lo de imprescindible no me cuadra. Creo que sólo lo somos para nosotros mismos y para las personas que nos aman y poco más. De acuerdo con lo de que nadie es el rey del mundo, aunque muchos ” -” se lo crean. ( NOTA: entre las comillas podemos poner el adjetivo calificativo que más nos guste.)

    1. Hola Alejandro,

      Ahí reside la paradoja. Como nadie es (somos) imprescindible(s), tenemos que hacernos imprescindibles.

      Por supuesto todo es opinable, pero coincido (al menos como objetivo profesional) con Seth Godin, como expliqué en el artículo del blog al que dirige el punto en cuestión (http://elmiracielos.com/2012/12/20/el-manifiesto-linchpin-mama-quiero-ser-artista/)

      Tenemos que ser artistas, en el sentido que define Godin. Es complicado conseguirlo pero …

      Por supuesto es solo una opinión, y una filosofía sobre cómo encarar las cosas en el trabajo.

      Por último, dicho más fino, comparto con todos una cita de Nassim Taleb, que aparecerá en una de las entradas que estoy preparando en el blog. Dice

      Mi principal afición es burlarme de las personas que se toman a sí mismos demasiado en serio por la calidad de sus conocimientos, y que no tienen las agallas para decir a veces: NO LO SÉ…

      ¡Gracias por comentar!

      1. Ángel, buenas noches y gracias a ti por contestar y por transmitir tú conocimiento y tus pensamientos positivos. Siento no estar de acuerdo y tengo clarísimo que no somos imprescindibles ni de lejos, ni por mucho que queramos hacernos, sentirnos o ilusionarnos. Sólo con las excepciones que he comentado y alguna más que pueda haber. Si lo dices en sentido figurado o entre comillas, bueno. Con lo de ser artistas si que coincido y además hay que serlo en muchos aspectos y ámbitos, mi padre siempre me ha dicho que soy un artista del trapecio. Creo que me mira con buenos ojos. Saludos.

        1. Gracias a ti Alejandro, por comentar y compartir.

          Quede claro que prescindibles somos todos. Algunos más que otros. Como ideal (utopía si quieres) debemos tender a ser lo menos imprescindibles posible, y es una cuestión de actitud al enfrentar el trabajo de cada día.

          La otra paradoja es que esto es continuo. En mi opinión, una vez que eres imprescindible empiezas a correr el riesgo de ser prescindible: cuando has conseguido un logro, alguien podrá suplirte. Hay que volver a empezar 🙂

          Un abrazo,
          Ángel

        1. ¡Gracias Juan Carlos!

          Muy buena y acertada reflexión. Aunque, por regla general, las generalizaciones son siempre malas :), ésta “te la compro”.

          De hecho, como dice el gurú del marketing Seth Godin (y he defendido varias veces en el blog), debemos aspirar a ser imprescindibles, a no ser una pieza más que se pueda recambiar. Coincido contigo que, en el fondo, todos somos prescindibles, pero como objetivo de supervivencia en un mundo tan cambiante, la imprescindibilidad puede tener (y tiene) mucho sentido.

          Por echarle un poco de humor al asunto, me viene a la memoria aquella famosa escena de “Amanece que no es poco”, en la que el pueblo dice : “¡Alcalde! ¡Todos somos contingentes, pero tú eres necesario!”

          ¡Gracias por comentar!

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