La técnica de creatividad del caballo negro

Que del comportamiento de los animales se puede aprender mucho, no cabe la menor duda. Que los caballos son de los animales más inteligentes y empáticos que existen, tampoco. Lo cierto es que no conozco demasiado estos animales, pero sí me los he encontrado en varias ocasiones ejemplificando cuestiones de creatividad, estrategia y actitud ante la vida y los negocios. Con fino e irónico sentido del humor, eso sí, conozco tres lecciones que nos ayudarán a mejorar en nuestras sesiones de creatividad. Empezaremos con técnica de creatividad del caballo negro (en este mismo post). En posts posteriores  reflexionaremos sobre las estrategias que seguimos gracias también a los caballos. Por último contaré un chiste (dicen que malo, pero ya veremos) al que suelo recurrir a la hora de hablar de motivación y positivismo.

La técnica de creatividad del Caballo Negro

En el mundo anglosajón se denomina caballo negro (black horse) a una persona, animal o cosa que compite en una carrera contra otros pero del que no se espera que gane (Wikipedia da una definición ligeramente distinta, centrándose en el hecho de que tales caballos negros relacionándolos con el mundo de las apuestas).

técnica de creatividad del caballo negro

Partiendo de dicha acepción, una técnica muy útil para sesiones de creatividad (búsqueda de ideas, soluciones a un problema, …) es precisamente la denominada Técnica de Creatividad del Caballo Negro.

La técnica de creatividad del Caballo Negro consiste básicamente en proponer una idea estúpida, absurda, en la que nadie creerá (o apostará por ella) pero que servirá como incentivo, como punto de partida para romper el hielo en sesiones de creatividad (por ejemplo, brainstorming) o situaciones de atasco mental.

Usando el mismo ejemplo que leí la primera vez que supe de esta técnica, cuando preguntamos a un grupo de amigos o compañeros para ir a comer a un sitio, una buena forma de evitar la indecisión y falta de ideas es proponer algo que la gente no aceptará. Por ejemplo, para una ocasión especial, ir a un sitio de comida rápida (cualquier cadena de hamburguesas que os venga a la mente servirá). La sola mención de dicha idea hará que los miembros del grupo se posicionen frente a ella (¡se supone que a la mayoría le desagradaría tal opción!) y, al mismo tiempo, propondrán alternativas.

Vaya por delante que las malas ideas no solo tienen ese poder catalizador, de detonante de nuevas ideas. Las malas ideas, los caballos negros, van a ser examinados, criticados. Y de ese examen de sus puntos débiles salen ideas que tratan superarlos, de alternativas, contribuyendo así a la identificación de soluciones propuestas. A este respecto recomiendo la lectura de un clásicoThe Power of Bad Ideas, de Steve Portigal.

En el blog Think Big se toman muy en serio el poder de las malas ideas. Tanto, que lanzaron una iniciativa para recoger ideas peligrosas (para mentes radicales). El enlace lo tienes aquí.

Otro interesante efecto de las malas ideas es liberar la mente y proporcionar un entorno en el que se haga explícita la libertad para crear y opinar. Sucede en muchas sesiones de brainstorming que las ideas de algunos participantes están sesgadas, cercenadas, por el miedo al qué dirán o el principio de autoridad. Si se fomenta explícitamente la generación de malas ideas, el ambiente se libera de tensiones y se hace patente la libertad para pensar y opinar. Puede ser incluso muy interesante como ejercicio de calentamiento en para sesiones de brainstorming (lluvia de ideas, si se prefiere no usar el anglicismo).

Quede claro que, que sean ideas malas, no quieren decir que sean basura. Cuenta Portigal que, durante un workshop sobre malas ideas, les pidieron a todos los participantes que propusieran y describierna en un papel una idea mala. Después cada participante pasó esa idea mala a otro asistente, y se pidió a todos que analizaran las condiciones bajo las cuales esas ideas malas podría ser buenas. Los resultados, cuenta Portigal, fueron espectaculares. Que la idea sea buena o mala depende de los prejuicios, las hipótesis que asumamos por buenas. La misma idea, analizada bajo el prisma de una situación nueva, puede ayudar a proporcionar soluciones en situaciones quizá no comunes, pero sí que merezcan la pena. Sobretodo para quienes las sufren.

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12s comentarios

    1. ¡Gracias David!

      Suele funcionar mejor que otras alternativas que habitualmente hacemos. Por ejemplo, si no hay acuerdo sobre qué hacer un sábado por la tarde, en vez de rebotarse con “nos quedamos en casa”, funciona mejor proponer una mala idea, incluso como herramienta de negociación.

      ¡Gracias por comentar!
      8)

  1. Me encanta la técnica, no la conocía.

    ¿Alguna mala idea? aquí va la mía.

    Estoy terminando de preparar 2 jornadas de Puertas Abiertas para el cierre del Master de Gestión de Proyectos de la Universidad de Salamanca y van a ser 10 horas de “repaso” a base de “Serious Games” y dinámicas, así que voy a ver si puedo encajar esto.
    Como han sido la primera promoción, les voy a proponer que nos ayuden con ideas de mejora para la próxima convocatoria, partiendo de que por parte de los profesores nos hemos planteado el realizar tres exámenes en modalidad clásica, uno al comienzo, otro a mitad y el del final de Master. La nota media de los tres será el 50% de la valoración del Proyecto Fin de Master.

    Ángel ¿crees que me paso? se admite refinar “mi mala idea”.

    1. ¡Gracias Ana! Me alegra infinito verte por aquí 🙂

      Mala idea no sé, pero poner tres exámenes y proyecto es MALA LECHE 🙂

      Bromas al margen, si pretendes que los alumnos que ya han superado el curso aporten ideas malas, lo conseguirás 🙂 Si se lo preguntas a los del año entrante y entras con la propuesta que comentas (o alguna de las de los de este año) conseguirás que se movilicen y propongan otras cosas. Como, de paso, has situado el listón muy alto, no será ninguna cosa para pasar el trámite lo que te propongan.

      ¡Mucha suerte y ya contarás!
      8)

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