Sectores económicos decadentes

Sectores económicos decadentes: Don Gil y las pollas

Don Gil Imón fue un alcalde de Madrid del siglo XIX. que ha pasado de manera inesperada (y tristemente para él) a la historia por sus hijas casaderas (es decir, sus pollas, como denominaba por entonces a las muchachas que buscaban matrimonio). Cuenta la historia que las hijas no eran precisamente muy guapas ni avispadas, por lo que don Gil no les encontraba pretendiente, pese a sus intentos desesperados y pese a llevarlas a todas las fiestas a las que era invitado. Y a tantas se las llevó que se hizo costumbre cuando se celebraba un baile que la gente empezara a preguntar si acudiría también esta vez don Gil y sus pollas. De tanto decirlo, se quedó lo de Gil-y-pollas, y de ahí surgió el término gilipollas.

Sectores económicos decadentes
Fotografía por Alle. Algunos derechos reservados (https://flic.kr/p/DnQpn)

Hay por ahí un Don Gil moderno con dos pollas con las que nos quiere casar a todos, con tan poca o menos gracia que las de Don Gil Imón, pensando que los gilipollas somos los demás. Sectores económicos decadentes, los del Transporte y Energía.

El negocio del transporte

Vaya por delante que no tengo nada en contra ni de taxis ni de taxistas, que en buena medida son otras víctimas del problema actual. Pero es evidente que los modelos clásicos de transporte están en serio (y lógico) peligro de extinción. La uberificación del transporte privado va a acabar con el negocio del taxi, al menos tal y como lo conocemos, y la facilidad de compartir vehículo (caso de BlaBlaCar) no hace sino ahondar en la herida.

No creo que el taxi vaya a desaparecer totalmente. No sería bueno ni aconsejable. Pero sí tendrá que reinventarse para cubrir las necesidades y nichos de mercado que no cubran las empresas como Uber o BlaBlaCar (ambas, por cierto, bien distintas). En mi opinión, el modelo de negocio del taxi está totalmente fuera de mercado.

  1. ¿Qué culpa tienen (tenemos) los usuarios de un sistema de licencias carpetovetónico, con unos costes de entrada salvajes, que terminan impactando en nuestros bolsillos?
  2. ¿Qué culpa tenemos del excesivo número de licencias en las ciudades, que dispara innecesariamente el precio del servicio para que éste sea rentable entre tanta competencia?
  3. ¿Qué culpa tenemos de que, para que sea sostenible o más rentable el negocio, el dueño de la licencia contrate a otros conductores para no tener el coche parado?

Modelos de Negocio Decadentes: Uber y los taxis

Una regla sagrada de la innovación es el abaratar costes, eliminar aquellas cosas innecesarias que no aportan nada a los usuarios y sólo encarecen el producto o servicio (en línea con la filosofía lean, o como expliqué en su día en la estrategia del Océano Azul). Y eso es, esencialmente, lo que han hecho los nuevos modelos de negocio en el transporte. Y que las asociaciones de taxi no han visto o querido ver, probablemente parapetándose en su capacidad de hacer lobby. Y, aunque están ganando muchas batallas, el proceso es irreversible, a pesar de los intentos desesperados de sobrevivir litigando, en vez de innovando o proponiendo alternativas. Algunos taxistas están incluso acercándose peligrosamente a grupos de extrema derecha que proclaman defender sus intereses (todo “pacífica y democráticamente”, por supuesto). Afortunadamente hay excepciones, taxistas que prefieren combatir a los Uber y compañía innovando, en vez de litigando.

De fea que es esta hija de Don Gil, hasta la justicia empieza a darles la espalda (aún va a ser cierto que es independiente del poder), y la Comisión Europea ya lo ha hecho, a pesar de la inmensa capacidad de lobby que el sector del transporte privado tiene en muchos países (entre ellos España).

La energía solar

Solo se me ocurre una gilipollez mayor que cobrar por los rayos del sol (para generar energía, o para lo que sea). No es por dar ideas, pero podrían cobrar por la fuerza de la gravedad que nos mantiene en el suelo. Y, además también sirve para generar energía (hidráulica). Si usas la gravedad, pagas. Si no, te libras.

El tema está de absoluta actualidad con la reciente entrada en del llamado impuesto al sol en España, una tasa diseñada para desincentivar el uso de la generación de energía solar en los hogares.

La historia de la energía eléctrica en España es para escribir un libro. De terror (ver el artículo Cinco claves para entender el déficit de tarifa de las eléctricas). Cuando Elon Munsk planea lanzar al mercado una batería eléctrica para los hogares que permita independizarnos de dicha tiranía, el Gobierno insiste en casarnos con otra de sus pollas, ignorando los intereses de los ciudadanos en beneficio de las compañías eléctricas. Recomiendo, una vez más, la lectura del artículo Nos roban el sol, de nuevo de Enrique Dans.

Sectores energéticos decadentes: Tasa del Sol

Legislar contra innovaciones (sí, innovaciones disruptivas) como las baterías de Tesla es (esperemos) el último estertor de un sector que nuevamente piensa que somos Gil-y-pollas.

Conclusiones

Me gustaría terminar con una frase de una sentencia reciente de un juez del Tribunal Supremo de Queens en Nueva York, al decretar que la actividad de compañías como Uber no infringen ninguna ley. La referencia es, de nuevo, de Enrique Dans y es absolutamente recomendable.

“Cualquier expectativa de que la licencia funcionase como un escudo contra los rápidos avances tecnológicos del mundo moderno no habría sido razonable (…) En nuestros días, incluso aunque hablemos de servicios públicos, los inversores deben siempre estar alerta frente a la aparición de nuevas formas de competencia derivadas del avance de la tecnología (…) No es función de los tribunales ajustar los intereses competitivos políticos y económicos puestos en jaque por la introducción de aplicaciones como Uber”.

Es una sentencia a raíz del caso de Uber, pero vale para los sectores económicos decadentes.

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11s comentarios

  1. Joder, qué pedazo de post. Los micros están bien, pero ya estaba echando de menos uno de este calibre y con buena carga de crítica. Y lo de don Gil y sus pollas no lo conocía, genial introducción.

    Entrando ya en materia, como bien dices son dos modelos obsoletos pero que, por desgracia, no tienen visos de desaparecer a medio plazo. Mientras exista la práctica de puertas giratorias en las eléctricas, los politicuchos que tenemos van a seguir intentando hacernos comulgar con ruedas de molino. El Señor Burns estaría orgulloso. En cuanto a lo de los taxis, algo parecido está ocurriendo también, a otro nivel, con los apartamentos en zonas costeras, por ejemplo.

    En cierto modo, esto me recuerda a las problemáticas en las industrias de la música y el cine (respecto a la música, muy recomendable este artículo: http://www.cracked.com/article_20256_5-things-record-labels-dont-want-you-to-know-they-do.html). En estos casos, aunque no han desaparecido, han tenido que adaptarse y evolucionar gracias a Spotify, Netflix, Youtube… A la vez que este tipo de plataformas han servido para dar a conocer a artistas que tal vez no hubieran tenido una oportunidad de otra forma. Ayer mismo leí el caso de una violinista, una de las 10 cuentas de Youtube más seguidas del mundo, que fue rechazada en su día por la misma discográfica que ahora quiere ficharla a cualquier precio.

    En fin, esperemos que no tarde mucho en llegar el día en el que el autoconsumo eléctrico deje de estar sancionado y que cada uno pueda viajar como quiera.

    1. Muchas gracias Mr. Yentelman 🙂

      Apuntas dos puntos muy interesantes. Por un lado, meter en la ecuación a las industrias de la música y del cine. Efectivamente, también quieren que nos “casemos” con ellas en vez de modificar su estrategia y modelo de negocio. En ambos casos han llegado tarde, y ahora se revuelven como gato panza arriba. Tampoco hay que olvidar a las editoriales y los libros electrónicos (ya hablé del tema a raíz de los libros de texto).

      Por otro lado, una reflexión muy interesante (a raíz de lo que comentas, especialmente el caso del violinista) es que hoy en día, para montar un negocio, no se requieren de enormes inversiones en material y fábricas. Cualquiera puede montar su propia empresa con un ordenador y una conexión a Internet. Muchas no requieren de casi nada más. No se depende “de los de siempre”, y alguien puede saltar a la fama por selección natural del público, no del dictamen supuestamente experto de un productor.

      Me hace mucha gracia cuando oigo que se está trabajando en sistemas para predecir si una canción o película funcionará en el mercado o no. No dudo que se puedan hacer muchas cosas, pero aunque un sistema diga SÍ o NO a un lanzamiento, la última verdad la tiene el público objetivo.

      ¡Gracias por aportar!
      8)

    1. ¡Muchas gracias Josele!

      Con lo bonita que suena la historia … :O El enlace que proporcionas es muy detallado al respecto.

      Ya que esto no es un blog de historia, creo que como hilo conductor sigue siendo válido, se corresponda o no a la realidad 😛

      ¡Gracias de nuevo por aportar!
      8)

  2. Me ha encantado. No creo que pueda resumir de mejor manera el sentimiento que me has generado tras leer este post.
    En todo este proceso de cambio en el que nos vemos envueltos es hasta cierto punto normal que los que han estado actuando de una determinada manera (y con muy buenos resultados) sigan intentando sacarle el máximo jugo a su proyecto. Pero también es cierto que cuando ya no hay de donde sacar, es necesario buscar alternativas en lugar de pelearte con todo el que intenta mejorar tu modelo de negocio.
    ¿No se conseguiría más tratando de buscar alianzas con estos nuevos players que permitan una evolución “normal” entre ambos modelos (el tradicional y el nuevo)? Esto daría pie tanto a un relevo generacional como a un cambio de rumbo, pero todo ello de forma ordenada.
    Spain is different y vamos por impulsos, a veces poco racionales. A ver si los nuevos modelos de aprendizaje que se están empezando a utilizar en algunas escuelas nos ayudan a pensar más, buscando la eficiencia y el equilibrio, en lugar de imponer modelos que ya no son sostenibles.

    Un abrazo.

    1. ¡Muchas gracias Jose! Me alegra que te haya gustado el post.

      Apuntas dos cosas muy interesantes. Por un lado, la capacidad de adaptación y de reubicación en un nuevo escenario. Creo que en ambos sectores (como en otros muchos: el cine, la música, …) se debería haber apostado por el giro estratégico más que por “la fuerza bruta” que se deriva de una posición dominante. Las pérdidas a las que se están viendo abocados ambos sectores deben ir paliadas por medidas políticas de apoyo (igual que se apoya a otros sectores, nos guste o no), pero no orientadas a añadir barreras de entrada a los nuevos modelos.

      Por otro, la educación, la formación, es la que nos permitirá sobrevivir en escenarios cambiantes como estos. Y no por sabernos de memoria los ríos y sus afluentes o no sé qué listas de huesos y músculos, sino la capacidad de hacernos preguntas, y la de anticipación al cambio.

      ¡Gracias por aportar!
      8)

  3. Pues tienes toda la razón Ángel. Desde luego de lo que se trata es de innovar, aunque no creo que sea lo mismo un taxi en Nueva York (sucios, viejos, conductores que apenas hablan inglés) con los de España, o Inglaterra, que por ejemplo en Bristol van por el mismo camino que en Nueva York, o Londres, donde saben a donde te llevan y lo mejor siempre es coger un taxi negro, que los otros te dan más vuelta.

    De cualquier modo, en Estados Unidos no pido un Uber ni de casualidad, que no sabes a donde vas a ir a parar y de hecho en la prensa han salido casos hablando de eso, sobre todo mujeres solas, por lo que en ese segmento está un poco estancado allí.

    Hace unos días cogí un taxi en la puerta del Hospital en el que estaba mi madre. La conductora tenía la música (salsa) a toda pastilla. Pensé que al arrancar la bajaría y no lo hizo. Estaba tan cansada que no se lo dije, pero pensé en la poca sensibilidad con el cliente que tenía esta persona para tener la música tan alta sin siquiera preguntar. Desde luego la innovación debe estar presente en todos los sectores.

    Un saludo 🙂

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