Financiación internacional de proyectos: De la Tierra a la Luna

Me cuenta un amigo y compañero de trabajo, Juan Ramón Martín Piedelobo, a quien se debe todo el mérito de este artículo, que anda estos días leyéndole a su hijo De la Tierra a la Luna, de Julio Verne. Para su sorpresa, parece que con la lectura le está enseñando algo más que comprensión lectora y ciencia ficción. ¡Le está preparando para trabajar en proyectos en un entorno internacional!

Y, si no te lo crees, atentos al siguiente fragmento de la citada obra, en el que se narra cómo el Cañón Club abre el proceso de suscripción internacional para el proyecto espacial de enviar una bala a Luna.  La novela cuenta cómo los distintos países aportan cantidades al proyecto, escrito hace más de 100 años  (en 1895, para ser exactos). No tiene desperdicio, sobre todo los párrafos de Italia y España.

De la Tierra a la Luna
De la Tierra a la Luna

Aportando cantidades a un proyecto

Nota: Transcripción literal del capítulo de la novela.

Tres días después del manifiesto del presidente Barbicane se había recaudado en las varias ciudades de la Unión cuatro millones de dólares, con los cuales el Gun-Club pudo empezar los trabajos.

Algunos días después se supo en América, por partes telegráficos, que en el extranjero se cubrían las suscripciones con una rapidez asombrosa. Algunos países se distinguían por su generosidad, pero otros no soltaban el dinero tan fácilmente. Cuestión de temperamento.

Rusia, para cubrir su contingente, aprontó la enorme suma de 368.733 rublos.

Francia empezó riéndose de la pretensión de los americanos. Sirvió la Luna de pretexto a mil chanzonetas y retruécanos trasnochados y a dos docenas de sainetes en que el mal gusto y la ignorancia andaban a la greña. Pero así como en otro tiempo, los franceses soltaron la mosca después de cantar, la soltaron esta vez después de reír, y se suscribieron por una cantidad de 253.930 francos. A este precio, tenían derecho a divertirse un poco.

Austria, atendido el mal estado de su Hacienda, se mostró bastante generosa. Su parte en la contribución pública se elevó a la suma de 216.000 florines, que fueron bien recibidos.

Suecia y Noruega enviaron 52.000 rixdales, que, en relación al país, son una cantidad considerable, pero hubiera sido mayor aún si se hubiese abierto suscripción en Cristianía al mismo tiempo que en Estocolmo. Por no sabemos qué razón, a los noruegos no les gusta enviar su dinero a Suecia.

Prusia demostró la consideración que le mereció la empresa enviando 250.000 táleros. Todos sus observatorios se suscribieron por una cantidad importante, y fueron los que más procuraron alentar al presidente Barbicane.

Turquía se condujo generosamente, pues siendo la Luna quien regula el curso de sus años y su ayuno del Ramadán, se hallaba personalmente interesada en el asunto. No podía enviar menos de 1.372.640 piastras, y las dio con una espontaneidad que revelaba, sin embargo, cierto interés del gobierno otomano.

Bélgica se distinguió entre todos los Estados de segundo orden con un donativo de 513.000 francos, que vienen a corresponder a doce céntimos por habitante.

Holanda y sus colonias se interesaron en la cuestión por 110.000 florines, pidiendo sólo una rebaja del 5 por ciento por pagarlos al contado.

Dinamarca, cuyo territorio es muy limitado, dio, sin embargo, 9.000 ducados finos, lo que prueba la afición de los daneses a las expediciones científicas.

La confederación germánica contribuyó con 34.285 florines. Pedirle más hubiera sido gollería, y aunque se lo hubieran pedido, ella no lo hubiera dado.

Italia, aunque muy endeudada, encontró 200.000 liras en los bolsillos de sus hijos, pero dejándolos limpios como una patena. Si hubiese tenido Venecia hubiera dado más; pero no la tenía.

Los Estados de la Iglesia no creyeron prudente enviar menos de 7.040 escudos romanos, y Portugal llegó a desprenderse por la ciencia hasta de 30.000 cruzados.

En cuanto a México, no pudo dar más que 86.000 pesos fuertes, pues los imperios que se están fundando andan algo apurados.

Doscientos cincuenta y siete francos fueron el modesto tributo de Suiza para la obra americana… Digamos francamente que Suiza no acertaba a ver el lado práctico de la operación; no le parecía que el acto de enviar una bala a la Luna fuese de tal naturaleza que estableciese relaciones diplomáticas con el astro de la noche, y se le antojó que era poco prudente aventurar sus capitales en una empresa tan aleatoria. Si se piensa bien, Suiza tenía, tal vez, razón.

Respecto a España, no pudo reunir más que ciento diez reales. Dio como excusa que tenía que concluir sus ferrocarriles. La verdad es que la ciencia en aquel país no está muy considerada. Se halla aún aquel país algo atrasado. Y, además, ciertos españoles, y no de los menos instruidos, no sabían darse cuenta exacta del peso del proyectil, comparado con el de la Luna, y temían que la sacase de su órbita; que la turbase en sus funciones de satélite y provocase su caída sobre la superficie del globo terráqueo. Por lo que pudiera tronar, lo mejor era abstenerse. Así se hizo, salvo unos cuantos realejos.

Quedaba Inglaterra. Conocida es la desdeñosa antipatía con que acogió la proposición de Barbicane. Los ingleses no tienen más que una sola alma para los veinticinco millones de habitantes que encierra la Gran Bretaña. Dieron a entender que la empresa del Gun-Club era contraria al «principio de no intervención», y no soltaron ni un cuarto.

A esta noticia, el Gun-Club se contentó con encogerse de hombros y siguió su negocio. En cuanto a la América del Sur: Perú, Chile, Brasil, las provincias de la Plata, Colombia, remitieron a los Estados Unidos 300.000 pesos. El Gun-Club se encontró con un capital considerable, cuyo resumen es el siguiente:

Suscripción de los Estados Unidos . . 4.000.000 dólares

Suscripciones extranjeras . . . . . . . . . 1.446.675 dólares

Total . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .5.446.675 dólares

5.446.675 dólares entraron, como resultado de la suscripción, en la caja del Gun-Club.

Con los pies en la Tierra

Pues ya nos lo decía Julio Verne hace más de 100 años.

  1. La prioridad de nuestro dinero está donde no la tienen los otros, léase el ferrocarril (por entonces) o el ladrillo (en nuestros días).
  2. En lo que a ciencia se refiere, somos un país bastante atrasado. Y, lo que es peor, añado, no hacemos nada para remediarlo. Tenemos una élite científica, sí, de reconocido prestigio internacional, pero culturalmente, como sociedad, es todo lo contrario.

Justamente lo que acaba de hacer España. que ha recortado un 75% su inversión en el sector espacial. demostrando una vez más que todo lo que tenga que ver con innovación, investigación y ciencia no es (ni será) una prioridad para el país.

Ya hice mención a los recortes previstos en programas espaciales europeos. Con la que está cayendo, muchos pensarán que invertir en tecnología e investigación no es una prioridad. Puedes incluso tacharme de egoísta e insolidario. Pero esto merece, al menos, una reflexión.

Casualidades de la vida, ayer mismo me llegó una petición para apoyar que Que España participe en el telescopio E-ELT. Lo dejo a vuestra consideración.

3s comentarios

  1. Hola Ángel,

    te he hecho caso y he venido a este artículo.

    Qué vergüenza lo que se dice de España y más todavía que hayan pasado mil años y se siga igual. Se nos ve como el tercer mundo en investigación, lo corroboro. Lo que dice del Reino Unido, a ver, los Bristish serán muy suyos pero en investigación están muchísimo mejor que España. Además sus ofertas de empleo en investigación están muy abiertas, miras jobs.ac.uk y te enteras de casi todo lo que hay. No como aquí que solo se enteran los cuatro amigos.
    No eres ningún insolidario por querer que se invierta en investigación. Es un error pensar que ser solidario significa invertir en políticas antipobreza. Se puede hacer esto e invertir en investigación, y una cosa no quita la otra. Me hace gracia que hay organizaciones que se creen con el monopolio de la solidaridad y luego discriminan a sus trabajadores.
    Lo que es solidario de verdad es la lucha contra la exclusión social. Quien no tiene dinero está excluido y hay que incluirle. Pero el único excluido no es el pobre.
    En España se excluye descaradamente a los investigadores. Se les expulsa como a los ilegales. Los españoles hemos hecho un esfuerzo académico tremendo y hay muchos profesionales que sois extraordinarios. Pero nadie se ha preocupado de que el esfuerzo realizado en las aulas pueda dar fruto después.

    Saludos

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