Gestión de riesgos: ¿Por cuánto dinero beberías agua de un extraño?

Tranquilos, no me he vuelto loco. No estoy incitando a nadie a ninguna barbaridad, ni plantando dilemas como el que surge de la película Una Proposición Indecente. Se trata de un ejemplo de gestión de riesgos que pongo en las charlas sobre dicho tema. No es un caso que pueda o deba hacerse, sino de lo que Einstein llamaba un Gedankenexperiment, un experimento mental.

Ejemplo de gestión de riesgos: la botella envenenada

El planteamiento es el siguiente. Para añadir algo de dramatismo, enseño a los asistentes una botella de agua, de las de plástico. Les digo que les propongo un trato. Ellos beben agua de la botella y, a cambio, yo les doy una suma de dinero. Pero, cuidado. No me conocen. Nadie puede estar seguro de que yo no sea un psicópata, que tiene oscuros intereses en este juego,  y el agua podría estar envenenada.

Como obviamente no creo (¡ni quiero!) que nadie empiece a revelar por cuánto dinero estaría dispuesto a beber, soy yo el que hace las preguntas (no me interesa la respuesta, sino el razonamiento que lleva a la misma).

¿Que os parecería que vuestros hijos pequeños bebieran agua de una botella que les ofrece un desconocido? Obviamente hay consenso en el peligro de de esto. Y de cómo a todos nos han enseñado de pequeños a no aceptar cosas de extraños, sea lo que sea y ofrezcan lo que ofrezcan.

¿Por 1 EURO? ¿Aceptarías beber de la botella (posiblemente) envenenada? La respuesta es de nuevo tajante: no.

¿Por 10€, 100€, 1000€, 100 millones de EUROS? Al empezar a elevar la apuesta, empieza a haber caras de  dudas. Una importante suma de dinero por hacer algo que puede que suceda es aceptable.

La pregunta “del millón”

De aceptar el trato por alguna cantidad de dinero … ¿beberías sin más de la botella? Aquí las caras de los asistentes se dividen entre los que tuercen el gesto como diciendo “qué remedio” y los que empiezan a ver que las cosas no son tan simples (ni en un experimento pensado).

La respuesta anterior es obviamente que no. Nadie en su sano juicio bebería sin más, sino que haría una serie de comprobaciones. Algunas de las ideas típicas que surgen al preguntar son:

  • Asegurarse de que la botella tiene el cierre originar (que no ha sido abierta). Podría estar abierta y no envenenada, pero …
  • Asegurarse de que no tiene fugas, apretándola con las manos (el veneno se podría haber inyectado)
  • Realizar algún tipo de análisis al líquido (ej. llevar al laboratorio una muestra)
  • Tratar de averiguar mis antecedentes (soy un buen chico, un psicópata reconocido, he sido condenado por envenenar a alguien, …
  • Tratar de averiguar si tengo acceso a sustancias venenosas (ej. laboratorios), bien yo, bien alguna persona cercana
  • Averiguar si tengo fondos económicos suficientes para abonar la cantidad pactada
  • Beber algún antídoto contra los venenos más fuertes para quedar inmunizado
  • Negociar la cantidad de líquido a beber (no es lo mismo un sorbo que toda la botella)

Obviamente todas esas  medidas llevan un coste (algunas incluso cero). Pero, y aquí está el quid de la cuestión, si alguna de ellas me da una fiabilidad suficientemente alta a un coste inferior del dinero que puedo ganar, entonces estamos en una situación la que podríamos plantarnos aceptar el trato.

Qué es un riesgo

Y en esto consiste esencialmente un riesgo.

Un riesgo es un hecho incierto que, caso de ocurrir, tendrá un efecto negativo en los objetivos del proyecto.

Mi proyecto es beber agua de la botella, y con ello ganar un suma de dinero. Pero puede que el agua haya sido manipulada y muera por ello. Debo decidir si bebo o no bebo, y en este simple ejemplo de gestión de riesgos (¡pensado!) tengo las tres componentes que definen un riesgo:

  • Probabilidad
  • Impacto
  • Aceptabilidad

Y cómo debo actuar, es decir, qué medidas debo adoptar, para mitigar dicho riesgo: reducir la probabilidad de que suceda, o las consecuencias (impacto) del mismo.

¿Cuál es el riesgo?

Antes de empezar, una pequeña reflexión sobre cuál sería el riesgo.

Por simplificar, en los cursos suelo simplificar el riesgo diciendo que éste es que la botella esté envenenada. El objetivo del ejemplo es entender las características de un riesgo y qué es mitigar un riesgo, no hacer un análisis pormenorizado (eso viene luego).

En realidad se trata de una secuencia de riesgos. El problema no es que la botella esté envenenada: el problema es morir envenenado. En efecto, la botella podría estar envenenada, pero en dosis suficientemente bajas como para no ser letal; o simplemente la persona que bebe es inmune al veneno inyectado.

De este modo, y a modo de ejemplo, se podrían (¡y deberían!) considerar otros riesgos, tales y como la ineficacia de un (posible) antídoto que tuviéramos preparado.

Por simplicidad, en lo que sigue, me ceñiré al hecho de que la botella esté o no envenenada.

La probabilidad del riesgo

Probabilidad cualitativa

Siendo un riesgo un hecho incierto, la probabilidad asociada al mismo es fundamental. No siempre puede ser calculada, y tenemos que recurrir a conceptos cualitativos como probabilidad alta/media/baja.

La probabilidad de que esté envenenada va a depender de factores como el perfil psicológico de quien ofrece el trato (¿es un psicópata?), su historial, el acceso que pueda tener a venenos, … Ésta probabilidad es difícil de cuantificar, pero podemos catalogarla como baja/media/alta en base a factores como los anteriores.

Probabilidad cuantitativa

Más sencillo es determinar la probabilidad de detección. Si usamos un método para predecir si la botella está envenenada o no, ¿qué tasa de fallo tiene?

Como estamos en un Gedankenexperiment, podemos propone cosas como probar nuestra habilidad a la hora de detectar botella manipuladas. Podemos pedir a un amigo que coja 100 o 1000 botellas, las etiquete y manipule determinado número de ellas, pero sin decirnos cuáles han sido modificadas. Si, por ejemplo, hemos sido capaces de acertar el 98% de las veces (de cada 100 botellas que realmente estaban envenenadas, sólo 2 han escapado a nuestro análisis), podríamos decir que la probabilidad de que errar en nuestra predicción es del 2%.

Equivocarse el 2% de las veces puede no ser aceptable. En ese caso habría que seguir entrenando, o recurrir a otros métodos más precisos (ej. análisis químico).

El impacto

La otra variable importante del riesgo es el impacto que puede tener. En nuestro caso, es razonable pensar que el impacto de que la botella esté realmente envenenada es alto, salvo que valoremos factores como nuestra resistencia al veneno, o el uso de poderosos antídotos.

El impacto no sólo se evalúa en términos de bajo/medio/alto, sino que hay que especificar en qué se produce el impacto:

  • Alcance del proyecto (qué y cómo se va a hacer)
  • Plazos (calendario)
  • Coste

Obviamente habrá que definir criterios comunes para definir qué se entiende como impacto bajo/medio/alto en cada una de las categorías anteriores (ej. impacto en coste bajo si no supera un cierto X% del coste del proyecto).

La aceptabilidad

La aceptabilidad es la combinación de probabilidad e impacto. Riesgos de probabilidad alta e impacto alto no son aceptables. Esto quiere decir que el proyecto entero, o una parte de él, se suspende hasta que se haya podido rebajar la probabilidad de ocurrencia o el impacto mediante las debidas acciones de mitigación.

La aceptabilidad siempre tiene un factor subjetivo. Aún siendo la probabilidad alta y el impacto alto, podemos decidir aceptar el reto. En el caso del Gedankenexperiment de la botella, una persona suficientemente necesitada o desesperada bebería. Porque no tiene nada que perder, o pensando en en que al menos el dinero llegará a su familia.

Conclusiones

Aún con algunas imprecisiones, el ejemplo de la botella resulta sencillo para entender el concepto de riesgo. Aquellos que no lo conocías formalmente (más allá de la idea intuitiva de riesgo que todos tenemos en mente), espero haber añadido algo de luz sobre el tema. Para los profesionales de la gestión que sí conozcan y manejen el concepto, encantado de compartirlo por si alguna vez lo tenéis que explicar.

Y más encantado aún de recibir vuestro feedback (¡y dudas!) sobre el ejemplo en la sección de comentarios.

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5 comentarios

    1. ¡Gracias #Jerby!

      En España tenemos poca cultura del riesgo y menos del seguro. La falta de transparencia de algunos de ellos, clausulas imposibles o abusivas no ayudan a solucionar la situación. Pero eso de cubrirnos las espaldas con un seguro … parece que no va con nosotros.

      ¡Gracias por comentar!
      8)

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