Agilismo, autoorganización y cenas navideñas

¿Es posible la autoorganización de los equipos? ¿Hasta qué punto debe un Project Manager, SCRUM manager (o similar) participar en la definición y organización precisa de las tareas de un equipo para conseguir un determinado fin?

Durante la pasada Conference Agile Spain 2014 (que tuvo lugar en Barcelona, en Diciembre de 2014) Ariel Ber se propuso (¡y de qué manera!) convencernos, entre otras cosas, del poder de la autoorganización cuando hay un objetivo preciso, límites y autonomía. Asistíamos 130 personas a la charla. Lo sé porque Ariel nos puso la tarea de contar cuántos éramos. Automáticamente, sin que nadie asumiera un papel de líder, sino hablando frenéticamente entre varios, nos juntamos en grupos de 10. Alguien contó los grupos y todo fue sencillo. Nos propuso varios ejercicios de dinámica de grupo más, entre los que destacaré:

  • Una especie de torneo de piedra, papel o tijera con las 130 personas que componíamos el aforo. La idea era simple. Nos juntábamos por parejas y jugábamos al citado juego (al mejor de 3). El que perdía se convertía en fan de su contrincante y se ponía detrás de él a seguirle, por la sala, buscando un oponente y coreando su nombre. El ganador buscaba a otro contrincante, con sus seguidores detrás incluidos, y coreando su nombre, para jugar otra partida a 3. El perdedor y sus seguidores se convertían en fan del ganador … y coreaban su nombre. Puedes pensar que aquello se tornó en caos, e inicialmente un poco sí fue así. Pero el caos se fue diluyendo hacia la organización, quedando al final los dos finalistas, con su amplia lista de seguidores. En cuestión de 2 o 3 minutos.
Fotografía por Ignite Valencia en Flickr (https://flic.kr/p/dYJVq9). Algunos derechos reservados.
Fotografía por Ignite Valencia en Flickr (https://flic.kr/p/dYJVq9). Algunos derechos reservados.
  • La construcción de un tren. Nos juntásemos en unos pocos grupos y Ariel Ber nos pidió que construyéramos un tren. La idea inicial de cada grupo fue el típico trenecito: filas de personas con las manos de cada uno sobre el hombro del que la precede. Sucesivamente, y con un tiempo limitado, nos fueron complicando el problema: debía tener vagones, filas de pasajeros, una locomotora, … Y, por sorprendente que parezca, y sin necesidad de alguien que asumiera el rol de diseñador u organizador supremo, fuimos resolviendo los retos, para terminar construyendo, con personas, algo claramente identificable con un tren. Al margen de la lectura sobre las ventajas de usar metodologías ágiles en determinadas situaciones (de una primera versión muy rudimentaria de tren, a algo más “sofisticado”), y en lo que quiero destacar en este post, nuevamente surgió la autoorganización del grupo.
Fotografía por Bill Dickinson en Flickr (https://flic.kr/p/fQ7sCk). Algunos derechos reservados.
Fotografía por Bill Dickinson en Flickr (https://flic.kr/p/fQ7sCk). Algunos derechos reservados.

Ejemplos como estos nos los encontramos en nuestras vidas. De hecho estaba yo recordando estos conceptos de autoorganización desde el caos estas fechas navideñas.

Sólo tengo un hermano, por lo que para mí, las cenas y comidas navideñas en casa (y. en general, cualquier celebración) se reducían a los cuatro miembros de mi familia, más eventualmente mis abuelos. Probablemente el record navideño en casa de los Gavín Alarcón estuvo un año con 7 asistentes. Baste decir que, este año, en la familia de mi mujer, nos hemos juntado 23 a la mesa. Seis hermanos, más maridos/esposas, hijos, …

Hace ya muchos años, desde la primera comida que tuve con la familia de la que ahora es mi mujer, me sorprendió la capacidad de autoorganización de las familias numerosas en estos eventos (son 6 hermanos) . Acostumbrado a lo que estaba, me parecía un disparate organizar aquello. Peor aún: ponía la mesa , intentaba organizar sillas y llamar a la mesa. Ni caso. Y, de repente, en aquel emparejamiento imposible de cubiertos, platos y sillas, la gente llegaba, se sentaba y ocupaba sus puestos. Después de tantos años todavía me sorprende el mismo hecho de sentarse a la mesa, y la dinámica que se establece: pásame el agua, este plato, el otro, sírveme bebida, … Autoorganización desde (en mi experiencia) el más absoluto caos.

Uno de los puntos fuertes de las metodologías ágiles bien desarrolladas es precisamente explotar la capacidad de autoorganización de los equipos. Como nos demuestran las dinámicas de equipo vistas, y nuestra propia experiencia, la autoorganización es posible. De hecho, en mi opinión, tiene efectos tremendamente positivos como el aumentar la implicación del equipo en los objetivos, la mayor autonomía (y consiguiente motivación) y una distribución más racional de la gestión para el líder del proyecto (si se me permite la palabra).

Porque gestionar, hay que gestionar. Lo que no hay que hacer es microgestionar (gestionar los detalles más pequeños, todas y cada una de las tareas de una persona). Esto da para otro artículo, pero baste aquí decir que no debemos caer en los extremos: ni micromanagement, ni ausencia total de gestión. Agilismo y PMP tienen ambos muy buenas cosas, y no irse a los extremos, aprender de ambos, es el mejor consejo que puede darse.

14s comentarios

  1. Un detalle que se suele pasar por alto es de la afinidad. Y esta solo se consigue después de muchas experiencias compartidas.

    No se puede sorber y soplar al mismo tiempo. No se le puede pedir a un equipo que sea altamente competitivo y al mismo tiempo colaborativo… Hay que empezar a elegir de qué lado te gustaría estar…

    Así que habría que empezar a pensar en términos de ‘afinismo’.

    1. La afinidad debe partir de unas bases, pero también debe fomentarse. Pablo Soneira recordaba hoy en El Laboratorio de las TI su artículo sobre la construcción del equipo de Los Angeles Lakers de los 80 (http://www.laboratorioti.com/2013/11/07/construir-un-equipo-los-angeles-lakers-80s/).

      Lleva su tiempo y requiere confianza, pero la colaboración de los equipos sí conlleva a mayores grados de productividad (más que probado), por lo que ambas cosas no son incompatibles (una vez alcanzada la autoorganización).

      ¡Gracias por comentar, #Jerby!
      Ángel

  2. Supongo que en los equipos de trabajo, cuando ya somos adultos, el jefe tiene que marcar ciertas cosas pero tampoco ser autoritario, eso no tendría sentido. Por tanto hay cosas en las que la gente tiene que autoorganizarse.
    Muy divertido todo lo que has explicado por cierto 🙂

    1. ¡Gracias Carol!

      En algún momento perdemos la capacidad de autoorganización. Cuando llevo a los críos al parque y juegan con otros niños, enseguida se autoorganizan. Es cierto que muchas veces surge un líder de manera natural, que es el que “corta el bacalao”. Pero las más de las veces las cosas se hacen con cierto consenso, y sin mediación de ningún adulto (salvo para gestionar conflictos, que ese es otro tema).

      ¡Gracias por comentar!

    1. ¡Me encanta la cita! No la conocía.

      A mí me encanta una cita del general Patton: “Nunca digas a la gente como hacer las cosas. Diles lo que tienen que hacer y te sorprenderán con su ingenuidad”. El qué, pero no el cómo 🙂

      ¡Gracias por comentar, Pablo!

  3. Ángel… me quedo con tu mensaje final: “Agilismo y PMP tienen ambos muy buenas cosas, y no irse a los extremos, aprender de ambos, es el mejor consejo que puede darse.”

    Como en las pantagruélicas comidas/cenas navideñas: elegir lo que más te guste (lo que más se adapte a tus necesidades).

    Saludos

  4. Gran artículo, Ángel !!

    Cuando se experimentan estos ejercicios, se constatan verdades irrefutables: las comunidades se organizan en la medida que las circunstancias lo exijan, ejerciendo distintos enfoques de liderazgo y alcanzando eficientemente los objetivos propuestos.

    Asombran los resultados (se esperaría a priori, que en medio del caos y sin roles ni responsabilidades definidos, no se alcanzaría ningún cambio y menos aún se llegaría a buen término). Pero es justamente lo que se obtiene cuando se define y maneja un objetivo común, se establece el compromiso y se crean grupos colaborativos.

    Me confundió un poco la última frase del post: “Agilismo y PMP tiene ambos cosas buenas…” (imagino te refieres al Project Management como disciplina) pues no creo que exista una pugna, un antagonismo entre ambos; si customizamos las necesidades de los proyectos, el mejor enfoque es quizás el complemento entre ellos…

    Un abrazo y los mejores deseos para este 2015 !!

    1. ¡Gracias Miguel Ángel!

      Efectivamente, sorprende ver lo que se consigue en un equipo que se ha entrenado y en el que se han puesto los medios suficientes para que se autoorganice. Esto, por supuesto, no excluye el rol de Project Managers o Facilitadores o …. Como dice Jurgen Appelo en su Management 3.0, mejor management con más managers.

      Yo sí percibo unas ciertas discrepancias entre lo que podríamos llamar “PM clásico” (no me gusta ni un pelo la palabra, por eso me refiero a PMP, en el sentido del tradicional o habitual) y el agilismo. Pero esas discrepancias no vienen de sus respectivas naturalezas, sino de la gente que las adopta. El mensaje es que no hay que cerrar las ojos a lo que hacen los otros, porque de todo se pueden sacar cosas buenas y, como decía Luis Miguel en un comentario más arriba, la cuestión es elegir lo que más nos gusta y conviene dentro de las “panatgruéliocas cenas navideñas”.

      ¡Gracias por comentar!
      Ángel

  5. ¿Alguien puede darme alguna referencia de este libro?

    Agile Practices for Waterfall Projects: Shifting Processes for Competitive Advantage
    By Barbee Davis, PMP, PMI-ACP, PHR
    ISBN: 978-1-60427-083-9
    October 2012

    Saludos

¡GRACIAS POR COMENTAR!