2 breves reflexiones acerca del accidente aéreo del A400M en Sevilla

Lo que no puede ser, no puede ser. Y además es imposible. Esta frase palmaria (incorrectamente atribuida al carismático torero español Guerrita) podemos aplicarla multitud de veces en nuestras vidas. Y al margen de los sentimientos de condolencia por las víctimas (si que es se puede separar de esto), es la primera frase que me viene a la mente tras el fatal accidente en Sevilla (España) de un avión A400M del fabricante europeo Airbus, con el triste balance de cuatro personas fallecidas.

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El proyecto no es ninguna tontería, con un coste que ronda los 31 mil millones de Euros, de los cuales 28 mil millones los aportan los países adscritos al mismo (Alemania, Francia, España, Reino Unido, Turquía y Bélgica). La prensa se dstá haciendo eco de diferentes noticias apuntando a que el gobierno alemán podría estar ejerciendo presiones para acelerar la fabricación de dicha aeronave. Como consecuencia de dichas presiones, a principios de año hubo un relevo en la dirección de la planta sevillana de Airbus Defence and Space (Airbus DS), donde se ensambla el avión. La causas aducidas para el relevo fueron problemas en la cadena de fabricación y la gran cantidad de defectos encontrados.

El PowerPoint y los deseos de las partes interesadas lo soportan todo, pero la realidad es muy tozuda. Forzar las situaciones a unos plazos que no pueden cumplirse conlleva riesgos elevados que, como en esta ocasión, parecen haberse materializado. No es cuestión de redoblar esfuerzos. Como suele decirse, 9 mujeres no hacen un bebé en un mes. Una vez conocí el caso de una empresa que había firmado un proyecto con unos plazo imposibles de cumplir. Como resultado, a mitad de año el equipo de proyecto ya había trabajado todas las horas del año (es decir, un 100% de sobrecarga). Y los resultados no fueron buenos, al estar plagados de errores. En el caso del accidente de Sevilla, quien se haya comprometido a esos plazos, o haya dado el visto bueno a la ejecución de las pruebas, tendrá que asumir las consecuencias.

La segunda reflexión que quiero traer aquí es una máxima del mundo de la ingeniería. Se puede decir sutilmente de muchas maneras pero, muy resumidamente, si entra mierda, sale mierda. Si aquellas entradas, información o materiales que necesitamos para ejecutar un proyecto (o nuestra contribución a él) son de mala calidad, el resultado final no será tampoco bueno.

Digo esto porque desde la fábrica de Sevilla se defienden diciendo que las calidades de las piezas del avión que ensamblan no cumplen una serie de requisitos de calidad mínimos. La lógica dice que esas piezas han de ser rechazadas. Salvo que, nuevamente, alguien tuviera la tentación de aceptarlas en aras de incrementar la tasa de fabricación. Una decisión equivocada, no exenta de riesgos, que nuevamente se han materializado.

Conclusiones

No tengo información suficiente ni motivos para culpar a unos o a otros en el caso del fatal accidente del Airbus en Sevilla. Sí percibo que la gente se pone demasiado rápidamente nerviosa con los plazos de entrega (¿para hacerse la foto?), y eso termina redundando en la calidad de lo que se produce. E incluso, podría ser, con un fatal y mortal desenlace. Tendrán que ser los técnicos y la justicia quienes dictaminen las causas últimas del suceso, pero conviene no olvidar que lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible.

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8s comentarios

  1. Algún amiguete tengo trabajando en las Big 4 y me cuenta barbaridades con el tema de los plazos, y algún otro me ha hablado de “subastas” en las que se contrata al mejor postor (es decir, al precio más bajo) hasta el punto de que las empresas pujan por ser las que ofrezcan el precio más bajo a costa de calidades, servicios y por supuesto, con la pérdida de calidad que ello conlleva. Todo esto de primera mano. Luego algunas sacan los sobrecostes de rigor y claro, una vez metidos en harina… pues pagas, no lo vas a dejar a medias. Pero claro, te juegas el prestigio y el que en el futuro ya sepan de qué palo vas.

    Lo peor es cuando no existen esos futuros sobrecostes y te endosan los malos materiales, los fallos de seguridad…

    Las prisas nunca son buenas consejeras. Por desgracia, en la acualidad parece que todo tiene que ser “para ayer”.

    1. Lo de las subastas es bastante más habitual de lo que te puedes imaginar. Como dices, luego se trabaja por debajo de costes y a la que salta para recuperar. Para empeorar las cosas, las propias organizaciones presionan a los equipos para que cumplan con esos plazos y costes imposibles, agravando el problema.

      Con lo fácil que sería hacer las cosas bien … Fácil y productivo.

      ¡Gracias por comentar!
      8)

  2. Ya que comentas esto, me viene a la memoria el accidente del AVE de Ferrol.

    Especialmente, en el transporte y la política, las prisas nunca son buenas.

    Pero esperemos los resultados de las investigaciones y que no sean como los del Yak 42.

¡GRACIAS POR COMENTAR!