Una cuestión de ética y estrategia en dos palabras: Yik Yak

¿Cuál sería tu primera reacción si te dijera que dos jóvenes han creado una aplicación que se está usando en colegios e institutos para hacer bullying y que, además, han conseguido crear un negocio con ello valorado en casi 400 millones de euros? Probablemente sería algo del estilo otros dos idiotas intentando forrarse mediante una app para móviles de gusto dudoso y contenidos poco (o nada) éticos. Pues me temo que no es así. O, al menos, tal afirmación sería cuestionable.

Reconozco que tuve una primera mala opinión de la start-up Yik Yak cuando supe de ella en un artículo del sitio Business Insider. La aplicación en cuestión fue prohibida en un instituto de EEUU (y en otros muchos) a raíz de que una de sus alumnas, Elisabeth Long, tratara de suicidarse tras los mensajes de ciberacoso recibidos por algunos de sus “ilustres” compañeros. Y es que la aplicación para móviles Yik Yak permite publicar mensajes cortos de manera anónima, así como acceder a lo que los demás han publicado, sin que medie registro alguno y preservando siempre el anonimato. ¿La restricción? Solo puedes publicar y ver mensajes de tablones asociados a sitios (e.j. un instituto) cuando estés en un radio de unos dos kilómetros a la redonda. Terreno abonado para descargar frustraciones. Y para muchos descerebrados (opinión personal).

Foto por Chris Messina en Flickr (https://flic.kr/p/qb6Bia). Algunos derechos reservados
Foto por Chris Messina en Flickr (https://flic.kr/p/qb6Bia). Algunos derechos reservados

El caso de Yik Yak tiene dos vertientes que quiero abordar aquí: la cuestión ética sobre los límites de la tecnología y las redes sociales, así como algunas lecciones estratégicas muy interesantes que se pueden sacar del caso Yik Yak. Porque, como veremos, que sus dos creadores (Brooks Buffington y Tyler Droll) hayan levantado llevado su negocio a las cotas de 400 millones de euros en un solo año, no es fruto de la casualidad (ni del morbo que puede causar la aplicación).

El debate ético sobre Yik Yak

Todo artículo de este blog pretende informar y suscitar el debate. No pretendo ni deseo sentar cátedra al respecto. En lo que nos ocupa, el caso de Yik Yak vuelve sobre el eterno debate sobre si el problema es la tecnología o el uso que se hace de ella.

Foto por Working Word en Flickr (https://flic.kr/p/874TSo). Algunos derechos reservados.
Foto por Working Word en Flickr (https://flic.kr/p/874TSo). Algunos derechos reservados.

Personalmente, soy más de la opinión de que el problema reside en el uso más que en la propia tecnología. Gran parte de los grandes avances de la humanidad han tenido su origen en aplicaciones militares que han sabido llevarse a aplicaciones civiles de las que todos disfrutamos. GPS fue concebido como herramienta de posicionamiento de efectivos militares, así como de guiado de misiles y armamento y, hoy en día, pocos llevan ya un mapa en papel en su coche. Pero, obviamente, no podemos ignorar que democratizar el uso de la tecnología le allana el camino, y mucho, a aquellos que pretenden hacer un uso delictivo, o éticamente reprobable, de la misma.

Internet nos está permitiendo desarrollarnos y comunicarnos a un ritmo inimaginable hace menos de 20 años. Pero, sin irse a casos extremos como el tráfico de armas, de menores, o la propaganda radical de grupos terroristas, también es terreno abonado para los tontos que deciden tirarse a una piscina desde la terraza de la habitación de un hotel, grabarse en vídeo y subirlo a YouTube (¿darwinismo en estado puro?). ¿Prohibimos por ello Internet? ¿Volvemos a pintar en las cavernas para transmitir los conocimientos a nuestras futuras generaciones? Por otro lado, con tanto tonto por ahí suelto, y tanto extremista en la red, igual no hay futuras generaciones a las que hablar.

¿Qué opináis?

Estrategia

Al margen de las cuestiones éticas, y en el plano puramente de la estrategia y la creación de negocios, el hecho de que Yik Yak haya recibido varias rondas de financiación de inversores hasta ser valorada en casi 400 millones de euros en menos de un año, no es por casualidad.

La aplicación no surge de dos descerebrados que pretenden hacer negocio con una aplicación que facilite el insulto gratuito. Yik Yak surge de las mentes inquietas de sus dos creadores (hay un tercero reclamando los derechos de la autoría de la misma, con demanda multimillonaria por el medio, en una historia que nos recuerda a la de Facebook). De hecho ya habían intentado sin éxito el unir mensajería y geolocalización en una aplicación anterior. Inicialmente orientada a entornos universitarios (¡como Facebook!), en un momento dado se les fue de las manos al pasar a los institutos y surgieron casos, como el de Elisabeth Long anteriormente citado, que han hecho tambalear los principios mismos de la aplicación.

Foto por Adam Fagen en Flickr (https://flic.kr/p/eagX4d). Algunos derechos reservados.
Foto por Adam Fagen en Flickr (https://flic.kr/p/eagX4d). Algunos derechos reservados.

Honestamente, de lo que he leído al respecto, no creo que la motivación de Buffington y Droll fuera facilitar el ciberacoso, haciendo negocio con ello (aunque evidentemente el riesgo estaba ahí, y supngo que serían conscientes de ello). Que hayan recibido tanto apoyo por parte de inversores no es porque estemos en un mundo loco loco loco (no lo descartes, por si acaso). Los inversores no son ajenos a los problemas y debates éticos que suscita la aplicación, pero aún con todo ven aspectos potencialmente positivos en ella.

¿Por qué apostar por una idea así? En mi opinión, por dos factores fundamentales:

  1. Sus creadores han demostrado conocer y saber qué quieren sus usuarios: las comunidades de estudiantes universitarios. Y éste es un nicho de mercado muy interesante para los inversores.
  2. Yik Yak puede triunfar donde otros no lo han logrado: redes sociales locales basadas en geolocalización. Personalización en el ámbito local, frente a generalización en lo global. Donde gigantes (y aspirantes a) como Google, Facebook o FourSquare han fallado, Yik Yak podría llevarse el gato al agua.

Como ocurre con la inmensa mayoría de las start-ups, el éxito de Yik Yak viene precedido de varios intentos fallidos de sus creadores, de muchas, muchísimas horas, de desarrollar y darle vueltas al concepto. De probarlo a pie de campo (la limitación de acceso local es clave), antes de lanzarse a publicarla. Pero también de visitar universidades, una por una, para promocionar la aplicación. Y de hablar con los usuarios. De mucho esfuerzo personal, y mucha confianza en el proyecto.

Con todo, la lección estratégica más impactante con la que me quedo es … ¡echar a un número significativo de usuarios! Sí, como lo oyes (o lo lees). La estrategia de sostenibilidad y crecimiento pasa por prohibir el uso en determinadas comunidades de usuarios que pueden originar problemas éticos como el ciberacoso. Los inversores ven potencial en la aplicación, pero temen precisamente el mal uso que se puede hacer de la misma. Buffington y Droll han tenido que desmotivar el uso de Yik Yak, prescindir de clientes (¿cómo hacerlo elegantemente, sin que te explote en la cara?) Menos clientes, pero más consistentes con una estrategia de negocio sostenible (sobre todo de financiación). Una decisión estratégica arriesgada, porque la aplicación ha crecido precisamente al albor de dichos usuarios. Arriesgada, sí, pero a todas luces necesaria.

Conclusiones

Hace algunos años un amigo me invitó a ver un partido de fútbol de la Champions League. El partido fue soporífero, y no se jugaban prácticamente nada (salvo la honrilla profesional) pero, aún así, desde el primer minuto hasta el último un energúmeno que tenía sentado delante de mí se dedicó a insultar a árbitro y jugadores (y a sus respectivas madres), a dar instrucciones en el campo y a vociferar como un poseso. No iba a disfrutar de un partido. Iba a desahogarse, a descargar sus frustraciones y sus complejos. Y, como él, muchos.

Pero ¿debemos prohibir el fútbol, a la vista de los últimos acontecimientos de vandalismo, asesinatos (por parte de seguidores radicales), comportamientos racistas y xenófobos en los estadios, tiroteos, amaño de partidos adulterando la competición, etcétera etcétera etcétera? Pienso que no. En el fútbol, como deporte y como espectáculo, se pueden sacar muchas cosas buenas también. Debemos limitar el acceso a los estadios a esas personas que no están para eso, sino para hacer gala de su gilipollez sin límites, y sus ideas radicales contra los principios más elementales de la convivencia en sociedad.

Es decir, no se trata de tener muchos seguidores, o clientes. Se trata de tener unos buenos clientes que garanticen la sostenibilidad del negocio.

Con la tecnología sucede lo mismo. No somos nosotros los que elegimos a nuestros usuarios, sino que son nuestros usuarios los que nos eligen a nosotros. Pero si esos usuarios pueden ser dañinos para los intereses del negocio y su sostenibilidad a medio y largo plazo, mejor prescindir de ellos. Y si no tenemos usuarios de calidad, no tendremos negocio. Así de simple. Y creo, muy resumidamente, que eso es lo que ha sucedido con la aplicación Yik Yak.

¿Opiniones al respecto? ¡Gracias por comentar y compartir!

19s comentarios

  1. El problema no es la tecnología en sí, sino el uso que se le da, como comentas. Es como si culpásemos al inventor del cuchillo porque alguien lo utiliza para apuñalar a otra persona. Es el mal uso de algo lo que lo convierte en negativo, aunque desgraciadamente como también dices, no podemos controlar el perfil de quienes la utilizan.

    1. Totalmente de acuerdo, Fran. Si nos ponemos a prohibir cosas, prohibiríamos absolutamente todo. Igual que si nos ponemos a vigilar.

      La clave, en mi opinión, está en educar adecuadamente a la gente para que todo el mundo pueda disfrutar de lo que le gusta sin violar los derechos de los demás. La educación es mucho más efectiva y rinde mejores beneficios que el mejor sistema de prohibición/vigilancia del mundo.

      ¡Gracias por comentar!
      8)

  2. Esto me recuerda un chiste de Mafalda. Dice la profesora:

    – Mirad niños, como desde el arco y la flecha hasta la bomba atómica, lo mucho que ha avanzado la ciencia.

    A lo que responde Mafalda:

    – Y lo poco que han cambiado las intenciones.

  3. El problema es el del anonimato. Cualquiera que cree una herramienta que permita dejar mensajes anónimos seguro que sabe que puede pasar. ¿Si no es para insultar, para que quieres enviar mensajes sin dejar registro?

    1. Hola Pablo,

      Como digo en el artículo, la posibilidad del anonimato es el refugio de los idiotas (y de los cobardes, añado).

      Con todo, el anonimato es a veces necesario, y no siempre está asociado al insulto o la vejación. ¿Qué me dices de mujeres maltratadas, que no se atreven a denunciarlo por temor a las represalias? El teléfono de ayuda a las mujeres maltratadas es anónimo y no deja huella en la factura.

      Se me ocurren más ejemplos. Yo mismo no puedo opinar libremente, o quejarme, en redes sociales. Para lo bueno y para lo malo, tengo una imagen de marca personal que debo cuidar. Realmente nada ni nade me prohíbe hablar de determinados temas, como de política. Pero estoy convencido de que tengo seguidores de todos los colores del espectro político. Y la mayoría de la gente que me sigue lo hace por los temas sobre los que escribo, no por mis opiniones e inclinaciones políticas (que obviamente las tengo). Añádele que me siguen muchos clientes con lo que …

      Me pasa lo mismo a la hora de expresar determinadas opiniones sobre productos y servicios que utilizo en mi vida personal. Soy cliente de mis clientes (banca, operadores de Internet, distribuidores, fabricantes, …) Por ponerte un ejemplo, estoy de mi lavadora hasta las ******* El otro día me tuve que cortar con un comentario que iba a poner en Twitter (con mucho respecto, pero también firmeza e ironía fina) porque existe una remota posibilidad de que el fabricante termine siendo cliente mío. No soy un “influencer” con decenas o centenas de de miles de seguidores, pero no me parece ético ni práctico (nunca se sabe).

      No quiero decir que tenga que ser así. Yo soy de esa manera, y no me ha ido mal hasta la fecha.

      El anonimato, bien utilizado, puede ser bueno. Pero dejo parte de la argumentación para la respuesta a Ana 🙂

      ¡Gracias por comentar!
      8)

  4. Estoy de acuerdo con lo que dice Pablo Arango, ¿si no quieres decir barbaridades para qué quieres anonimato? Puede usarse también para denunciar a bullies y acosadores, sí, pero casi seguro que la mayoría no lo hace para eso.

    Me quedo de todos modos con el último párrafo que has escrito Ángel: los clientes y usuarios deben ser de calidad para hacer sostenible cualquier empresa, si no, como pasa con el low cost, cuando aparezca alguien más barato que tú te barrerá del mercado.

    En cualquier caso creo que se sigue banalizando el mal y el bullying, he tenido varios clientes que lo han padecido, el último hace unas semanas, una chica que no podía hacer exámenes sin que le diera un ataque de pánico y tuvieran que llamar al 112 para que se la llevaran, repitiendo curso y con su vida en suspenso. Una persona dulce y sensible, guapa, muy guapa. Su caso ha tenido un final feliz, ya está sacando buenas notas de nuevo, pero a la mayoría les marcan de por vida.

    1. ¡Gracias Ana!

      La verdad es que tratar de rebatir a una profesional como tú de estos temas asusta lo suyo. Sin embargo, como he explicado más arriba en el comentario a Pablo, el anonimato es a veces bueno y necesario. Y no porque se busquen fines delictivos.

      Creo que también puede servir para identificar problemas personales. Le decía a Pablo el caso de mujeres maltratadas, pero pon el ejemplo que quieras, de alguien que no pueda confesar o denunciar abiertamente una situación traumática.

      Hay, por supuesto, cuestiones controvertidas. ¿Es ético que la opinión política pueda ser anónima? En un sistema realmente democrático, cualquier debería poder expresar su opinión públicamente (desde el respeto al otro). Pero en la práctica …

      Por otro lado, si el anonimato se usa también con fines delictivos, monitorizar, buscar tendencias, … puede llevar a la identificación temprana de problemas y su resolución (ej. violencia callejera, bandas organizadas, …)

      No me atrevo a decir que el anonimato puede ser, en ocasiones, un ejercicio de salud mental. No soy psicólogo y no puedo defender tales afirmaciones. Pero hay cosas que (insisto, desde el respeto) nos apetece decir a los cuatro vientos sin ser identificados.

      El anonimato de las grandes ciudades, frente a la vida pública en los pueblos, se está perdiendo. Y no es que nos saludemos todos por las calles o en el transporte público. Es que el concepto de aldea ha cambiado. Y estamos perdiendo una anonimato que deberíamos poder recuperar por algún lado.

      ¡Gracias por comentar!
      8)

      1. Totalmente de acuerdo con tu respuesta Ángel, creo que sobre estos temas estamos todos perfectamente capacitados para hablar, el tema del bullying por ejemplo es un tema más ético que de otra cosa y eso hace que todos tengamos qué decir.

        Es una faena no poder decir lo que quieres, yo tengo la ventaja de poder hacerlo porque la mayoría de mis clientes no me leen (no hablan español) y como dice Pérez-Reverte yo hablo porque puedo. Sí creo que decir lo que piensas si no es para agredir a otros está bien. Recuerdo a una chica que en twitter, y refugiándose en el anonimato dijo que a unas personas concretas había que quemarlas en la hoguera, y no lo decía figuradamente, le dije que yo no quemaría ni un libro, y que jamás se me ocurriría quemar a nadie, me dijo que se lo merecían, y las personas de las que hablaba no eran ni violadores, ni asesinos o terroristas, dejé de seguirla inmediatamente, pero hubo gente que le contestó que estaba de acuerdo con ella… Y ese tipo de pensamientos que expresan rabia y odio no bajan el nivel de rabia, por el contrario los refuerzan. No sé, desde luego es un debate interesante.

        1. Gracias Ana,

          En realidad, tampoco me quejo porque es por elección. La imagen de marca personal que (¡espero!) me estoy construyendo me aporta muchas cosas. Y si me tengo que morder de vez en cuando la lengua, no pasa nada.

          Morderse la lengua es algo también muy saludable. Te puedo asegurar que, visto “a toro pasado”, me ha salvado de más de una metedura de pata 😉

  5. El mundo actual, lo mires por donde lo mires, es bastante represivo en general y, como dices, el anonimato de una app como esta normalmente sirve para descargar frustraciones igual que el tipo este del partido de fútbol. En manos de gente inmadura como los alumnos de un instituto, ya se sabe lo que puede pasar.

    Me ha gustado lo que has comentado de cómo hoy en día y según quién seas, no puedes dejar según qué comentarios por las redes, porque pueden afectar a tu marca personal. Leía esta misma mañana un artículo al respecto en Cracked, y yo mismo me lo he planteado muchas veces cuando leo mis actuales posts en yentelman y los que escribí en su día en un par de blogs en los que colaboraba, dedicados a temas, digamos, no tan bien vistos socialmente como la enseñanza del idioma inglés. Y me doy cuenta de que antes escribía mejor que ahora… ¿por qué? porque no me cortaba, porque podía ser políticamente incorrecto sabiendo que nadie tenía idea de quién era, que no tenía que rendir cuentas a nadie. Eso hacía que sacara lo mejor de mi mismo en mis posts; ahora, aunque no estoy descontento, pienso en lo mucho que podrían mejorar mis textos si no me autocensurara… pero mi target ha cambiado, yo también, y sobre todo la temática de mis posts actuales…

    En todo caso, a donde quiero llegar es que a veces el anonimato te ayuda a ser más “tú mismo”, algo que bien empleado puede ser muy bueno. por desgracia, los humanos somos como somos…

    Gran post.

    1. ¡Muchas gracias!

      Ninguno estamos exentos de soltar lo que llevamos dentro de vez en cuando (yo he tenido que borrar más de un tweet). Menos mal que muchas de las noticias que oigo son por la radio mientras conduzco en el coche, y en ese momento no puedo tuitear (¡ni al llegar al garaje!) que si no … tendría que borrar más 🙂

      De todos modos, como le comentaba a Ana, la elección de la imagen que quieres dar es tuya. Siendo cierto que tienes que cortarte muchas veces, es más lo que te aporta haciendo lo que haces (si no, no lo harías). Y esa marca personal no la adoptamos desde que nacemos, y va cambiando con los años.

      Interesante ejercicio releer lo que escribíamos y compartíamos no hace mucho tiempo. Todos nos sorprenderíamos a nosotros mismos.

      ¡Gracias por comentar!
      8)

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