Los prejuicios y el contexto: lecciones de un Maestro y una (supuesta) obra maestra

En un artículo anterior veíamos lo fácil que es dejarse llevar por prejuicios y suposiciones, sin escuchar, observar y valorar la situación. Y cómo tienes un gran riesgo de equivocarte, claro. Los prejuicios vienen la mayoría de las veces condicionados por el contexto en el que se nos presentan las cosas.

Me viene a la memoria el famoso experimento que periódico el The Washington Post hizo en enero de 2007, que intentaba demostrar si la gente era capaz de apreciar la belleza, fuera ésta de su contexto habitual. En la mañana del 12 de Enero, una persona interpretó 6 piezas de música clásica con un violín, a una hora punta (alrededor de las 8 de la mañana) en una estación de metro. No era piezas conocidas, de esas que todos hemos escuchado alguna vez, pero son obras consideradas de entre las más bellas que se han compuesto jamás, y de una enorme dificulta de ejecución.

Pero el intérprete no era un simple artista callejero más. Ataviado con gorra, pantalones vaqueros y camiseta, uno de los más famosos y prestigiosos violinistas del mundo. Joshua Bell, interpretó las citadas obras durante unos 45 minutos, con un Stradivarius de 1713 (valorado en 3,5 millones de dólares), La audiencia de ese día fueron 1097 personas que marchaban rápidamente a su trabajo, en pleno corazón de Washington. El balance fue brutal: 32 dólares y 17 céntimos  recaudados, y sólo una persona reconoció al artista y las obras. Solo una entre 1097 supo apreciar la verdad de lo que ahí se representaba. Si hasta te parece mucho, piensa que solo unas semanas antes, el artista había llenado el Boston Symphony Hall a más de 100$ la entrada.

En otro experimento diametralmente opuesto, un programa de televisión consiguió colgar en ARCO, la Feria de Arte Contemporáneo más importante de España (y de las más importantes de Europa), un cuadro pintado por niños de 2 a 3 años. Las críticas de los visitantes elevaban el cuadro a la categoría de obra maestra, llegando a considerar que 15 mil euros por la obra era un precio muy razonable. Y se supone que la gente que visita la Feria, en su mayoría, entiende y les gusta el arte contemporáneo.

Son muchas las lecturas que se pueden hacer de ambos experimentos. Por supuesto, se puede poner en duda la propia calidad y belleza de de la música o del arte contemporáneo (sobre todo de este último). Por falta de conocimientos y sensibilidad (sobre todo hacia el arte contemporáneo), no seré yo quien ponga en duda este punto. En lo que realmente me interesa, y la temática de este blog, me centraré en la importancia del envoltorio. O sea, del contexto, del cómo y dónde se nos muestran las cosas. Y de los prejuicios, que nos hacen tachar de vulgar artista callejero a un violinista reconocido mundialmente como un maestro, y pretender pagar 15 mi euros por una supuesta obra maestra, que no es más que un cuadro pintado por niños de guardería.

Sobre el prejuzgar ya hablamos en el artículo de la “estrategia Pokemon” anteriormente citada. Respecto al contexto, no hace falta aclarar que el cómo presentemos las cosas influirá, y mucho, en la percepción que los demás tengan sobre nuestros productos.

Hace muchos años asistí a unas jornadas de navegación por satélite organizadas por una agencia de la Comisión Europea. Habíamos desarrollado un software muy potente que era capaz de hacer simulaciones y análisis del comportamiento de sistemas como GPS, EGNOS y Galileo. Acompañamos el stand con multitud de gráficas y mapas que la herramienta generaba. Teníamos cierta competencia de otro proyecto, que había arrancado poco tiempo atrás. El simulador en cuestión no llevaba (por entonces) todos los algoritmos y herramientas de análisis que llevaba el nuestro. En vez de presentar gráficas, se mostraba una imagen en 3D de la Tierra con satélite girando alrededor. Las fórmulas físicas y matemáticas necesarias para ello se estudian en primer curso de carrera de cualquier licenciatura de ciencias o ingeniería. Pero era una imagen tridimensional y animada de satélites en movimiento. Adivinad qué stand centró la atención de la mayoría de la gente que asistió a la exposición. Puede parece muy obvio, pero marketing e ingeniería no van siempre de la mano.

Tengo multitud de ejemplos en el que los prejuicios y el contexto nos llevan a conclusiones equivocadas. Una vez tuve como cliente un empresa cuya sede estaba en un pequeños polígono a las afueras de la ciudad, pero que resultó ser una de las empresas más innovadoras que he conocido jamás, y operando con éxito en multitud de países. Recíprocamente, he estado en las instalaciones de gigantes industriales europeos que bien harían en copiar o imitar las prácticas de I+D+i de la empresa anterior.

Recuerda: observa, pregunta, escucha, no saques conclusiones precipitadas, y no te precipites en juzgar y actuar sin haberte cerciorado de las cosas primero.

5s comentarios

  1. El contexto es el primer paso del texto. Nadie espera una obra maestra en el metro, ni un dibujo infantil en un museo. Nuestro cerebro actual no es muy superior al cerebro del hombre del neolítico y sin embargo, tiene que utilizar herramientas más sofisticadas.

    1. En efecto, #Jerby, esa es la base de toda la teoría de la persuasión. Nuestro cerebro tiene que tomar tal cantidad de decisiones al día, que para la mayoría “tira” de estereotipos y prejuicios. Y por ahí empieza todo, para lo bueno y para lo malo.

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